Asesinos, pruebas falsas e ideas inviables

Especial
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Los índices de impunidad en los homicidios dolosos en México alcanzan, según el último reporte de Impunidad Cero, el 89%, eso quiere decir que sólo uno de cada diez asesinatos recibe un castigo penal. Por eso la desconfianza de la gente en la impartición de justicia es tan alta, sobre todo si asumimos que la tasa de impunidad en el total de los delitos denunciados oscila casi en el 96 por ciento.

El caso de los presuntos asesinos de las mujeres y niños de la familia LeBarón, detenidos el domingo en el pequeño municipio de Janos, en Chihuahua, con apenas unos tres mil habitantes, poco antes de que iniciaran el mensaje del presidente López Obrador en el Zócalo y la marcha encabezada por los LeBarón hacia el Monumento a la Revolución, ha generado sospechas.

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Según las autoridades, el principal detenido, Mario H., apodado El Mayo, sería el jefe de plaza del grupo criminal de La Línea, en Janos. Con él fueron detenidos, la mañana del domingo, su hermano y otro sujeto. Los pobladores de Janos se han movilizado desde entonces reclamando su inocencia, incluso asegurando que existen videos que demuestran que el día del asesinato estaban trabajando en la zona.

Las autoridades no han dado mayores detalles sobre la detención de los presuntos responsables. Lo cierto es que hay muchas interrogantes sin responder: ¿realmente hay un jefe de plaza del cártel de la Línea en un poblado tan pequeño como Janos (puede ser, no deja de ser una plaza junto a la frontera, útil para el tráfico de drogas o armas)?, ¿por qué ellos tendrían que haber cometido una agresión tan directa contra mujeres y niños?

Es verdad que la investigación está en curso y se mantiene la secrecía, pero debe haber respuestas claras, rápidas y transparentes, porque se trata del crimen más doloroso, de los muchos que se han sufrido en este 2019. Si los detenidos son responsables, exhibirlos, y si no es así, establecerlo con celeridad.

ROSARIO

Yo no sé, lo hemos dicho muchas veces, si Rosario Robles es responsable o no de los delitos que se le imputan, pero no deja de ser significativo que, de las más de 200 personas presuntamente involucradas en la llamada Estafa Maestra, sea Robles la que esté en la cárcel y acusada sólo del delito de encubrimiento, un delito que no amerita prisión preventiva.

Más allá de eso, hay hechos que son inocultables: primero, la designación del juez Felipe de Jesús Delgadillo Padierna, sobrino de Dolores Padierna y René Bejarano, que por esa sola causa se tendría que haber excusado de juzgar el caso. La credencial de conducir que se utilizó para determinar la prisión preventiva es, a todas luces, falsa: la foto de Robles es tomada de redes sociales, la dirección no existe y la firma no es suya. Es una falsificación evidente que debería conllevar un castigo al agente de la Fiscalía que la presentó y al juez que la aceptó y respaldó su legalidad, cuando se demostró que era falsa.

Si Robles o cualquier otro es responsable de un delito debe pagar por ello, pero no se pueden inventar pruebas, colocar jueces parciales y a modo o conculcar derechos básicos, como seguir un proceso en libertad cuando se tiene derecho a ello. Y ni hablar del juicio político que se sacaron de la manga los diputados. Una cosa es la justicia y otra la venganza.

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SUCURSALES

El presidente López Obrador dijo que el Ejército podría construir las 13 mil sucursales del banco de Bienestar que planea poner en operación en el 2020. El anuncio llamó la atención del sector financiero y la alarma del Ejército, porque hoy, en todo el país, sumados los 49 bancos que operan en México, hay 12 mil 784 sucursales. O sea que en un año se deberían construir el mismo número de sucursales bancarias que se han construido a lo largo de la historia.

La Secretaría de la Defensa le undicó al Presidente que no tenía esa información, que la sucursal más modesta de Banjército le cuesta a la institución unos 12 millones de pesos. O sea que construir las 13 mil sucursales del Banco del Bienestar costarían nada más y nada menos que 156 mil millones de pesos. Sólo construirlas. Porque el problema no es construir una sucursal, sino instalar los sistemas operativos y de seguridad, caros, sofisticados y complejos, que las respaldan, además de contar con el personal humano preparado para atenderlas. La banca mexicana gasta, sólo en sistemas de seguridad, en sistemas operativos, mucho más, mil millones de dólares al año.

La alternativa es utilizar, como lo hacen todos los países, puntos de venta y bancarios, públicos y privados, ya establecidos, para brindar esos servicios. Construir 13 mil sucursales del Banco del Bienestar es ilógico, imposible e inviable.