Un sexenio perdido en lo económico

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No lo digo yo, lo reconoce la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).

En campaña, el Presidente prometió un crecimiento anual promedio del 4 por ciento. En cuanto ganó la elección, comenzó a cometer errores que minaron la confianza de los inversionistas. De esta forma, se derrumbó la inversión, lo que provocó que la economía mexicana se desacoplara del crecimiento de Estados Unidos, desacelerándose al punto del estancamiento. En 2019, el primer año de gobierno de López Obrador, el crecimiento económico de México fue de -0.3 por ciento.

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Las cosas iban mal y se pusieron peor con la pandemia de covid-19. Este año, por tanto, vamos a decrecer, según la SHCP en los Criterios Generales de Política Económica (CGPE) presentados esta semana al Congreso, un -8% por ciento. Sin embargo, de acuerdo con este mismo documento, en 2021 creceremos al 4.6%, en 2022 al 2.6%, en 2023 al 2.5% y en 2024 también al 2.5 por ciento. Si tomamos en cuenta que el incremento poblacional de México es de 1.1% en promedio por año, y calculamos el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) per cápita, los mexicanos tendremos un -3.1% menos de ingreso, en promedio, al finalizar el sexenio de lo que teníamos cuando comenzó.

Esto en el escenario relativamente optimista que presentó la SHCP en los CGPE. Insisto, incluso en éste, se acepta tácitamente que será un sexenio perdido en materia económica. Y aunque en promedio seremos los mexicanos un -3.1% más pobres, ya sabemos que el promedio esconde la dura realidad que los pobres serán los más perjudicados. Son los que, generalmente, pierden más ingreso durante una crisis.

Aunque el presidente López Obrador insista que tendremos una recuperación en “V” (caída y recuperación rápidas), la realidad es que, si bien nos va, será más como una “U”. Y no alcanzará todo el sexenio de López Obrador para recuperar los niveles de PIB per cápita que teníamos cuando él tomó posesión.

Pero veamos, ahora, un escenario más realista. Ya sabemos que en 2019 el crecimiento del PIB fue de -0.3 por ciento. De acuerdo con los expertos económicos que cada mes encuesta el Banco de México, el crecimiento en 2020 será de -9.9% y el del 2021 de 3 por ciento. Asumamos que en 2022, 2023 y 2024 creceremos igual que en la “maldita” época neoliberal: un promedio de 2% anual. En ese caso, y de nuevo tomando en cuenta el crecimiento poblacional, la caída del PIB per cápita durante este sexenio sería de -8.1 por ciento. Para entenderlo, aquí estamos hablando de que todavía estaríamos lejos de alcanzar el cierre de la “U” de recuperación económica cuando López Obrador termine su mandato.

Leyendo los CGPE queda claro que el gobierno no va a estimular a la economía por el lado fiscal. Pero también contempla que el banco central ya tampoco tiene mucho espacio para bajar las tasas de interés en la política monetaria. De hecho, me parece que la gran apuesta del gobierno es que Estados Unidos nos jale para salir lo más rápido posible del hoyo en que estamos. Así que recemos para que esto ocurra acelerada y sostenidamente.

El problema de fondo de este sexenio está en la inversión. Como sabemos, debido a su retórica antiempresarial —¿qué es eso de que las empresas tienen que ganar utilidades razonables?, ¿quién demonios lo define?— y decisiones que han afectado el ambiente propicio para hacer negocios con certidumbre en el país, los privados, sobre todo los nacionales, siguen reticentes a arriesgar su dinero en México.

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En el tercer trimestre de 2018, antes que López Obrador cancelara la construcción del nuevo aeropuerto en Texcoco, la inversión total como porcentaje del PIB era de 22.7 por ciento. Ya para el primer trimestre de 2020 había caído al 19.6 por ciento.

Esto incluye a la inversión pública que, en realidad, está en los huesos. En 2019 cerró en 2.4% como proporción del PIB. Para el primer trimestre de 2020 había caído un 7.3 por ciento. No sabemos cómo va a cerrar este año, pero en los CGPE se plantea un incremento de 5.3% en términos reales en 2021 con respecto a 2020. No es nada. A eso agréguese la baja, nula o inclusive negativa rentabilidad de los proyectos de inversión del actual gobierno (Tren Maya, refinería de Dos Bocas, aeropuerto en Santa Lucía y Tren México-Toluca).

No por nada el Presidente no quiere hablar de este tema y, cuando lo hace, dice mentiras como lo de la recuperación en “V” o que va a desarrollar un nuevo índice económico que no sólo mida la producción del país, sino, además, tome en cuenta la felicidad de la población. Igual y es porque él sí está feliz. Y cómo no: con un ingreso mensual asegurado que le pagamos puntualmente los contribuyentes mexicanos.

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