Sin duda, la forma y el contenido en que el huachicol fiscal fue operado, obliga a reflexionar sobre la capacidad que fue requerida para diseñar, operar y ejecutar múltiples tareas, para materializar este fraude económico y de gran impacto político, social y militar.
La convergencia de actores y factores nacionales y estadounidenses se sustenta en una multidimensionalidad de intereses, que encuentran en el campo económico un referente común, por la utilidad o ganancia que la operación del huachicol lograba.
Desde luego, en este tráfico de combustible, la ganancia o utilidad era importante, pero no era el único motivo o interés que movilizó a tantas personas de diferentes grupos de la sociedad y del gobierno.
A lo largo de los últimos seis años, la operación fraudulenta del huachicol se fue perfeccionando en cantidad y calidad del volumen y de su forma de operarlo, dentro y fuera del país, abarca en principio los estados de Tamaulipas, Veracruz y Tabasco, así como de Baja California, condujo a incorporar a diversas autoridades dentro los tres niveles de gobierno, en estas entidades con la aceptación de quienes dirigen o encabezan las dependencias que tuvieron una participación directa en el huachicol.
La trama que se ha difundido por diversos periodistas, articulistas o analistas, del modus operandi del huachicol ha sido descrita ampliamente.
Ha sido el exdirector del Cisen, junto con otros analistas del tema, quien ha establecido una ruta de análisis y operación para dar cuenta de una trama que requiere una línea del tiempo en variados espacios y medios de transporte para movilizar el producto.
Establece Guillermo Valdés Castellanos (Huachicol: ¿va en serio?, en Letras Libres, 18 de septiembre de 2025) que “La estructura del negocio (cadena de valor y actores) constaría de las siguientes etapas, cada una con sus actores participantes.
1.Compra de combustibles en E.U.: refinerías en Texas, empresas importadoras, la Secretaría de Energía como otorgante de los permisos.
2.Traslado a México por mar y tierra: empresas transportistas terrestres, compañías navieras y de ferrocarriles.
3.Cruce de frontera: aduanas terrestres (a cargo de Hacienda y el Ejército), puertos (Hacienda y la Marina) y agentes aduanales.
4.Almacenamiento y distribución: almacenes y depósitos privados, empresas transportistas por pipas y ferrocarriles, Guardia Nacional y policías estatales (que protegen el transporte)
5.Comercialización: Gasolineras (que venden gasolina y diésel robados y no denuncian), Procuraduría Federal del Consumidor (encubre compras fraudulentas) y Pemex (que omite verificar el nivel de compras de las gasolineras).
6.Lavado de dinero: Bancos y casas de bolsa, Morena (financiamiento de campañas electorales), gobiernos estatales y municipales.”
Desde luego que la logística requerida por los actores involucrados es compleja y amerita al menos una visión de todos los procesos, que den cuenta de cada trazo de la operación, en tiempo y forma:
“Para montar y sostener una organización -afirma Valdés- de esa magnitud y complejidad se requiere de por lo menos cinco capacidades: a) la visión empresarial del negocio; b) los recursos financieros para comprar grandes cantidades de gasolina o diésel y para sobornar a muchas autoridades; c) los contactos y relaciones para convocar a decenas o cientos de empresas participantes en ambos lados de la frontera; d) relaciones políticas de alto nivel para asegurar la protección de las dependencias del Estado (Pemex, Profeco, SHCP, Aduanas, Marina, Ejército) y, e) una gran capacidad directiva, gerencial y un equipo muy eficiente para mantener operando todo el negocio.”
De tal forma que la investigación del huachicol, las acciones para su erradicación, en una perspectiva de corrupción e impunidad, apenas han comenzado, y no sabemos hasta donde habrán de llegar.
Las acciones que hemos visto, son relevantes para mostrar la punta del iceberg, pero no logran establecer la verdadera dimensión del problema.
Así, la investigación del huachicol fiscal, iría en paralelo al desempeño gubernamental, a la participación de la sociedad organizada y a la integración de información dispersa, en donde los datos duros permitan descubrir los responsables, los montos del daño a la nación y la amplia trama de corrupción que se ha tejido.
Es una historia de análisis para descubrir a los personajes de los múltiples delitos que ya se han cometido y que, conducen a una delincuencia organizada que ha dañado las instituciones de seguridad y justicia, a las que habrá de recurrir para esclarecer el problema de interés nacional.
Hay preguntas fuertes en el ambiente, ¿dónde está el dinero de estas operaciones de huachicol? ¿Quién o quiénes encabezan esta red, este corporativo o esta red de delincuencia organizada?
Una omisión interna, nacional, o complicidades en la investigación, implicaría la intervención extranjera, abierta y directa, de Estados Unidos. Otro riesgo mayor. Al tiempo.



