Finanzas en riesgo

Especial
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Ayer comentamos acerca de la trayectoria esperada de la economía mexicana para este año y el siguiente, y en un plazo más largo, hacia 2030. Decíamos que este año y el próximo el mejor escenario es un crecimiento de cero, un poco como lo ocurrido en el año pasado. En parte, debido a la gran caída de la inversión, a la que ahora se suma el ciclo de las manufacturas, pero también porque la mayor parte del PIB, que se genera en los servicios, se ha agotado en estos meses. Aunque ha habido incrementos salariales importantes, especialmente para quienes ganan menos, han sido tan rápidos que todo indica que hemos llegado al límite, y el consumo no podrá seguir creciendo lo suficiente como para sostener toda la economía.

Considerando solamente esas variables, el crecimiento será nulo este año y el que sigue, y tal vez pueda recuperarse paulatinamente a partir de 2022, para llegar en 2024 al máximo de la década, 1.5%, que esperaríamos se mantenga hasta 2030. Esto implica que el promedio de crecimiento durante el actual sexenio rondará 0.5% anual.

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Ahora bien, si estas predicciones son correctas, hay impactos de segundo orden que debemos considerar. Primero, el deterioro de las finanzas públicas; segundo, el reflejo en la política. Como usted sabe, durante el año pasado el gobierno mexicano no alcanzó a recaudar lo suficiente para cubrir sus gastos. Para evitar mayores dificultades, hicieron uso del Fondo de Estabilización de Ingresos Presupuestales. Gracias a ello, dijeron que había un superávit primario (ingresos menos gastos, sin considerar el costo financiero). Ya revisamos las cifras aquí, y concluíamos que se trata de contabilidad creativa, y que en realidad el superávit primario no existió.

Bueno, para este 2020, aún haciendo uso de la otra mitad del FEIP, el saldo primario será negativo. No mucho, pero negativo. La razón es que la recaudación será un poco menor que el año pasado, medida como porcentaje del PIB, y los ingresos petroleros también serán inferiores. A partir de 2021, según las estimaciones de esta columna, el saldo primario será negativo año tras año. Esto es relevante porque la decisión de las calificadoras acerca del grado de inversión dependen de esa cifra. Ignoro si en este año pierdan la paciencia o esperen un año más para ello. Pero los datos no dejan mucha duda.

Para evitar esto, el gobierno mexicano podría impulsar una reforma fiscal. Es algo que algunos sugerimos desde antes de que tomaran posesión, pero no lo han querido hacer. Ignoro si opten por presentar una reforma para septiembre (con un impacto esperable en la elección intermedia), o si lo dejen para después. No tienen mucho margen.

Siempre se podría pensar en reducciones de gasto para evitar las cifras que he mencionado, pero no veo cómo podrían castigar más la gestión pública. El gasto público hoy es 16% inferior al que ejercieron los gobiernos de Peña Nieto o Calderón, medido como porcentaje del PIB, y quitando el gasto de pensiones. No se me ocurre un país mediano o grande en el mundo que tenga un gasto tan pequeño.

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Es importante notar que buena parte de estas dificultades no tienen su origen en la actual administración. El gobierno mexicano ha sido muy pobre desde los años setenta, cuando se optó por ofrecer todo tipo de prebendas y derechos sin cobrar los impuestos necesarios para ello. Pero las tres administraciones anteriores intentaron corregir vía reformas fiscales y éste, el que más legitimidad y popularidad tuvo al arrancar, no quiso hacer lo mismo. Ese error sí es del actual gobierno. Pero nos falta la política, mañana hablamos de ello.