Honor a quien honor merece

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Foto: La Otra Opinión

Los éxitos individuales de los jóvenes conmueven a la sociedad y vituperan a gobiernos. Brindan lecciones de vida. Juventud, divino tesoro.

Gratamente hemos observado los registros de jóvenes que triunfan en sus competencias deportivas y en las aplicaciones de sus exámenes, que construyen futuros y crean diseños artísticos con imaginación y sus propios recursos.

Gratamente, con un puntaje perfecto, 120 aciertos de 120 preguntas, cuatro estudiantes, tres mujeres y un hombre, ingresarán a la UNAM en este ciclo educativo, Lizette Jacqueline Cruz Gómez y Bruno García Gómez lo harán a la Facultad de Ingeniería, así como Anna Sofía Pérez Gordillo y Daniela Villalobos Camacho que lo harán a la Facultad de Medicina.
Desde luego se observa un esfuerzo de acompañamiento tutorial de sus familias y de profesionales dedicados a fortalecer y mejorar el talento individual. Estos felices universitarios, oriundos de lugares violentos como Ecatepec, Ocosingo y la Ciudad de México, con disciplina y constancia e inclusive con más de dos intentos logran sus sueños. Rompen el círculo del lugar violento, por una gran oportunidad que han logrado con su esfuerzo individual.

En muchos casos exitosos, no hay una presencia gubernamental visible, es más, la impresión que queda es de una ausencia o un alejamiento institucional incomprensible, para apoyar las buenas prácticas deportivas, artísticas y académicas.

El grano de la mazorca

Hemos perdido la relacionalidad para que los gobiernos sean verdaderos impulsores de atletas presentes y futuros, de artistas creativos, así como de profesionales en las ciencias duras, naturales, médicas y sociales. Las ingenierías han encontrado algunos cobijos por parte de empresas interesadas en aprovechar ese talento creativo y productivo, sin embargo, la verdadera oportunidad termina en el extranjero. La fuga de talentos, de cerebros y de cuerpos atléticos, de artistas plenos de imaginación, es una triste realidad.
Las autoridades solo aprovechan oportunidades para tomarse las fotos y no hay un acompañamiento continuo y sistemático en y para los jóvenes, que destacan en alguna de sus disciplinas deportivas, artísticas o científicas. Hay una desigualdad de oportunidades de origen.

Y ello ocurre, la movilidad y el ascenso social, si es el caso, cuando se han desarrollado; desde luego que hay un valor que viene del apoyo familiar en primer lugar y, secundariamente de algún generoso familiar o de un profesional que atiende un negocio o actividad en donde el esfuerzo imaginativo y productivo de los jóvenes es promovido y apoyado con algunos recursos.

No se avizora esa atención a las causas que tanto se pregona en las estrategias de seguridad. No vemos ese derroche específico en aquellos jóvenes que tienen una ventaja creativa y talentosa y necesitan un respaldo, no hay quien lo haga profesional y sistemáticamente. Es una justicia selectiva y producto de circunstancias afortunadas. Sabemos de ese reparto de becas que no estimula el verdadero valor, que no se premia ningún esfuerzo y que solo da cuenta de una existencia desperdiciada, sin que haya una inducción reflexiva hacia el estímulo de sus facultades personales y el desarrollo de sus comunidades. No es cuanto nos falta como país, es el hecho de que lo avanzado lo sepultamos desde políticas gubernamentales confusas, saturadas de ideología y odios egoístas y perversos, sin racionalidad hacia el presente y menos aún en la construcción de futuros.

Aranceles vinculados a operaciones contra narcodelincuencia

Por ello, congratula saber que algún joven mexicano triunfa en alguna olimpiada del conocimiento, que logra una medalla en alguna competencia internacional, que obtienen un resultado perfecto en su examen de evaluación universitaria, o un premio por crear algún producto de software, algún diseño artístico o que apoya la salud de las personas, su educación, o alguna máquina de ingeniería o robótica que contribuye a la seguridad o el desarrollo de ellos mismos, de sus familias, de empresas, en fin, que se observa cómo la investigación y el desarrollo, junto a una imaginación creativa, logran cambiar la realidad con un producto o bien a favor de la humanidad.

Ello no logra conmover a los gobiernos. No hay un verdadero interés nacional para estimular y fortalecer el talento individual o social de los jóvenes; sólo registramos tristes noticias de masacres en donde pierden la vida, de que son presa fácil del reclutamiento de la delincuencia, de que tienen que huir con sus padres de sus lugares de origen, de que abandonan sus estudios porque no hay recursos familiares suficientes, de que han tenido que dedicarse a trabajar porque sus padres han fallecido por la epidemia, por enfermedades que no encontraron atención médica, ni medicinas para mantener su salud, su vida. De que la delincuencia les robó las utilidades del pequeño negocio del que vivían. De que muchos habrán de truncar sus sueños, sus esperanzas y sus expectativas de una vida buena y mejor, porque buscan apoyar a sus padres, a sus familias y enrolarse en los trabajos de subsistencia o en la delincuencia cuando no hay empleos.

El dilema de la libertad o seguridad

En esta medida, el costo económico y social, no alcanza los registros de los indicadores nacionales para calcular el daño familiar y personal. Por ello un Goya desesperado, efusivo de felicitaciones, por esos cuatro jóvenes de medicina e ingeniería aeronáutica, que alcanzaron la calificación perfecta en sus exámenes de ingreso a la UNAM, ese ejemplo es fundamental para creer que la sociedad puede, a pesar de que las acciones de gobierno no los vean, que cada joven talentoso es una bofetada a los criminales y sepultureros de instituciones de salud, académicas, deportivas y de desarrollo social. Que no todos son pedigüeños, ni vándalos quemadores de libros. Que tienen sueños y saben trabajar la mente y desarrollar sus talentos artísticos y deportivos, que quieren ser mejores y lo demuestran con acciones y no con vanos discursos de humildad o de peticiones indignantes y humillantes de falsos respetos hacia rufianes y abusivos del del poder público.

Que el anonimato o la minoría de acciones y satisfacciones que no se ve de los jóvenes artistas, deportistas y futuros profesionales de disciplinas científicas siga creciendo, aun en individualidades, con un compromiso social y responsables de ellos ante sus familias y la sociedad.

El tiempo es a su favor. El mundo cambiante es de estos jóvenes, el presente es suyo y el futuro también. Nos brindan oportunas esperanzas de vida y, muestran que sí se puede, a pesar de mucho en contra.