Simulación de cuarta

Especial
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Pocos temas generan una discusión tan encendida como el aborto. Entre “el derecho a decidir” y “el derecho a la vida” no hay términos medios. O se está en un campo o se está en el otro. Para unos, forma parte de un conjunto de libertades: el derecho de la mujer de decidir libremente sobre su cuerpo. Para otros, se trata de un crimen: el asesinato de un ser indefenso. Para unos, el individuo existe sólo al nacer. Para otros, la persona comienza con la concepción.

En febrero pasado, la Comisión de Igualdad de Género de la Cámara de Diputados dio su visto bueno a un proyecto de ley para adicionar diversas disposiciones de la Ley General de Salud en materia de interrupción legal del embarazo. Entre otras, que los hospitales públicos cuenten con personal que no sea objetor de conciencia.

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El proyecto dividió a la coalición de gobierno. Mientras que Morena y el Partido del Trabajo (PT) votaron a favor, el Partido Encuentro Social (PES) lo hizo en contra. Cada bancada votó de acuerdo con lo que establece su declaración de principios. Esa vez, el PES votó junto a Acción Nacional.

Sin embargo, apenas seis meses después, el grupo parlamentario del PES ha experimentado la deserción de varios diputados federales que se han sumado a la del PT. Como lo oye: ni el divisivo tema del aborto ha impedido que estos legisladores, votados por la ciudadanía por su plataforma inspirada en los valores del cristianismo evangélico, pasen a formar parte de una bancada cuyo partido sigue los principios de la maoísta “línea de masas”.

Cuando en política algo huele mal es que hay dinero de por medio, dice un viejo adagio. Y eso es justamente lo que ha denunciado el coordinador de los diputados federales del PES, Jorge Argüelles.

De acuerdo con su dicho, los petistas han lanzado cañonazos de hasta cinco millones de pesos para atraer a los legisladores pesistas a su grupo parlamentario, a fin de que éste crezca en número y el PT pueda rebasar al PRI como tercera fuerza en San Lázaro y aspirar a ocupar la presidencia de la Mesa Directiva en el tercer año de la actual Legislatura.

El PT ha negado que esté sobornando a los diputados del PES. Claro, tampoco le molesta hacerse de los servicios de integrantes de la bancada de un partido de orientación religiosa. Total, dar bandazos es parte de la naturaleza de ese partido, formado en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari como una competencia artificial del PRD.

Usted quizá me diga que los sobornos no están probados. De acuerdo, pero si a esas vamos tampoco los que, supuestamente, recibieron los entonces diputados de los partidos que formaron el Pacto por México, a fin de que aprobaran la Reforma Energética hace seis años. Y el que no estén probados no ha obstado para que el presidente Andrés Manuel López Obrador aluda a ellos como si tuviera las evidencias.

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A lo que voy es que el presunto soborno es tan grave en un caso como en otro. Y lo es también en el caso de la llamada Ley Bonilla, como se calificó la reforma a la Constitución de Baja California con la que se intentó prolongar el mandato del actual gobernador de ese estado, de dos a cinco años. Ahí también se habló de dinero bajo la mesa.

La Cuarta Transformación se ha erigido a sí misma como guardiana de la moral en la política, En realidad, sólo es protectora de sus intereses. De otro modo, uno de los partidos de la coalición de gobierno no trataría de hacerse a la mala de la presidencia de la Mesa Directiva en San Lázaro, que por ley le toca al PRI, después de que ya le tocó a Morena y al PAN. Inflar artificialmente la bancada del PT es una de esas simulaciones contra las que se pronuncia a menudo el presidente López Obrador.

 BUSCAPIÉS

¿Qué grupos sociales la han pasado peor con la pandemia? De acuerdo con datos del IMSS y el Coneval, son los jóvenes, los viejos y los trabajadores con los salarios más bajos. Ahí es donde pegó con más fuerza la pérdida de un millón de empleos. Justo los mexicanos que, de acuerdo con el presidente López Obrador, serían la prioridad de su gobierno.