Seguridad: la hora de cambiar

Especial
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El fiscal de los Estados Unidos, William Barr, no se fue con las manos vacías de México ni la postergación (hay que prestar atención al término) que anunció el presidente Trump de la designación como terroristas de los cárteles mexicanos, no fue tampoco gratuita.
En los hechos, como lo adelantamos en su momento, para evitar esa designación con todas sus consecuencias, México tendrá que abandonar la política de pacificación, de abrazos y no balazos, de la misma forma que tuvo que abandonar la de puertas abiertas para los migrantes por la más estricta política migratoria de la historia reciente del país.

No hay información oficial sobre el contenido de las reuniones con Barr, pero lo trascendido muestra con claridad cuáles son los objetivos estadunidenses. Y el principal es regresar a la política de golpear a las cabezas de los cárteles, una política abandonada por el actual gobierno.
Y para eso quieren utilizar los mecanismos de inteligencia que han usado ya en el pasado con un éxito relativamente alto: compartir inteligencia con objetivos claros, cuerpos militares de élite encargados de esas operaciones y rendimiento de cuentas sobre las mismas.

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Hay que recordar que el pedido de captura contra Ovidio Guzmán fue presentado con fines de extradición por Estados Unidos.
Por una de esas cosas que extrañas que ocurren en nuestro país, Ovidio no está acusado de crimen alguno en México, pero sí en la Unión Americana, donde el hijo de El Chapo está acusado de ser uno de los principales proveedores de fentanilo en ese mercado, una droga que causa, junto con otros opioides, unos 60 mil muertos por sobredosis al año.

El operativo de captura de Ovidio no tuvo fallas, el problema fue la indecisión política en el centro, que retrasó primero su traslado (lo que permitió que se desplegaran los sicarios del cártel de Sinaloa) y que luego ordenó su liberación. Era un compromiso fallido con Washington que se acrecentó con los asesinatos de las mujeres y niños de la familia LeBarón, todos de nacionalidad estadounidense.

La extradición de Rubén Oseguera González, el hijo de Nemesio Oseguera, El Mencho, jefe el Cártel Jalisco Nueva Generación, está siendo demorada en tribunales con el argumento de que en realidad no es hijo de El Mencho.
El joven ya había sido detenido en cuatro oportunidades y liberado en otras tantas ocasiones por jueces, en todos los casos bajo sospecha, pero ahora está detenido a la espera de la decisión sobre su extradición, una decisión que está en el escritorio del canciller Marcelo Ebrard.

El CJNG es, junto con el cártel de Sinaloa, el otro gran introductor de fentanilo en la Unión Americana.
Las opciones son enviar a El Menchito extraditado a ese país, o dejarlo en libertad para que pelee con un medio hermano suyo y un reconocido jefe de sicarios, El Sapo, por la sucesión del CJNG, porque El Mencho está enfermo, con graves problemas renales que hacen peligrar su vida.

Estados Unidos quiere que se vuelva a estructurar el cuerpo de élite de la Marina con el que trabajó durante años y que fue desaparecido al inicio de esta administración.
Por supuesto que esos cuerpos de las fuerzas especiales de la Marina siguen existiendo (y hoy y mañana les mostraremos en el programa Todo Personal en ADN40 a las 22 horas, cómo se entrenan y trabajan), pero lo que quiere Washington es que vuelva a configurarse la unidad especial que trabajaba codo con codo con la inteligencia de su país para atacar a las cabezas del narcotráfico.

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Se dice que es una exigencia que ha aceptado la administración de López Obrador y la verdad es que no veo cómo podrían haberse negado a hacerlo sin asumir un costo enorme.
El primer objetivo de ese grupo será El Mencho. Pero eso, necesariamente reactivará al cuerpo de élite de Sedena, que se encarga de otros objetivos prioritarios, que tiene años trabajando en ello y que fue el que participó el 17 de octubre en Culiacán.
Y la Guardia Nacional también tiene grupos de élite que querrán participar de esas labores.

Cuando se decidió cerrar las enormes brechas migratorias, dijimos aquí que se hacía por una imposición de Trump, pero que también era una exigencia de nuestra seguridad nacional.
Ahora ocurre lo mismo, puede ser que la decisión de reactivar estos grupos, de ir por las cabezas de los líderes del narcotráfico, sea una imposición de Estados Unidos, pero es también una exigencia de nuestra seguridad interior y nacional.
Es una rectificación necesaria que los mismos cuerpos de seguridad, policiales y militares, demandaban en voz baja, pero insistente.