Nosotros estamos solos

Especial
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Algunos ilustrados colegas han puesto al Presidente como un político que se ha quedado solo, lo cual es cierto desde una perspectiva metafórica con respecto a las evidencias que andan por otro lado.

La realidad, sin embargo, es que quienes estamos solos somos nosotros, los ciudadanos y las instituciones no gubernamentales.

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Todos dependemos de las obsesiones y mentiras de un solo hombre.

López Obrador tiene al Congreso, al Poder Judicial, a las Fuerzas Armadas, y con eso doblega cualquier atisbo de oposición.

Pasa por encima de la ley cuando le da la gana, como en el cierre de la planta Constellation Brands, en Mexicali, mediante una consulta popular inconstitucional.

Tenemos la crisis global más grande desde 1929 y el Presidente anuncia que se inaugurará el “modelo mexicano” para enfrentarla y el mundo nos va a copiar.

Estamos inertes ante sus ocurrencias. Ni un día de diferimiento de impuestos. Ni un peso de apoyo a medianas y pequeñas empresas. Tampoco a las grandes.

Con el “modelo mexicano” se va a mandar a la calle a cientos de miles o tal vez millones de personas (200 mil por cada punto que baje la economía), lo que ya está ocurriendo, y se provocará el quiebre de miles de empresas.

En Estados Unidos, con todo y apoyos, en sólo dos semanas 10 millones de personas (6% de su fuerza laboral) se fueron al desempleo.

Aquí López Obrador va por uno más de sus experimentos: no apoyar para las nóminas ni con diferimiento de impuestos, tampoco ayudar a sostener las cadenas de pago, y así piensa que va a crear dos millones de empleos en nueve meses.

Que las empresas no abran, que se rasquen con sus uñas, que paguen sueldos y que creen millones de empleos antes de que acabe el año. Si no cumplen habrá sanciones penales, amenazó el canciller Ebrard.

Sólo le faltó parafrasear a Echeverría; si a los empresarios no les gusta, “váyanse a la sierra”.

Gran modelo descubrió la 4T. Falta que funcione.

En 2019 el crecimiento de la economía fue negativo en -0.2 por ciento y la creación de empleos cayó en 50 por ciento.

Para este año la economía va a experimentar un retroceso de -3.9 por ciento, o de -8 por ciento según otras previsiones, y nuestro mago de las finanzas dice que va a crear dos millones de puestos de trabajo.

“El mundo nos va a copiar”, dice, y ayer mandó al diablo al Banco Mundial, al FMI y a la ONU.

Igual hizo el año pasado cuando el Banco Mundial bajó su expectativa de crecimiento para México a dos por ciento. AMLO se puso furioso y alardeó que “el mundo se va sorprender” del crecimiento de la economía mexicana.

En efecto, sorprendió al mundo al tirar una economía que crecía al 2.5 por ciento al año, a una cifra bajo cero, sin que enfrentara crisis externa ni desplome de los precios del petróleo.

Ahora que si hay crisis mundial y los precios del crudo se vinieron a pique, apuesta por el cierre de empresas y elevar la inversión en Pemex, que pierde al año 365 mil millones de pesos y vamos a apuntalar con recursos fiscales en este 2020, con la suma de 60 mil millones de pesos adicionales.

Todas las grandes compañías petroleras del mundo ajustaron a la baja sus proyectos de inversión dada la nueva realidad.

Para crear empleos, el plan del gobierno es que cierren empresas y ahorcar al sector privado.

Para protegernos de la baja de ingresos fiscales por la caída de los precios del crudo, le quita dinero al fisco y le da más a Pemex: que pierda otros cientos de miles de millones más.

Una maravilla el “modelo mexicano” que ha inaugurado López Obrador.

Nuestro Presidente, con una gran experiencia en el tema energético como vimos el año pasado (las pérdidas de Pemex aumentaron en esa millonada, los ingresos disminuyeron 16 por ciento y los costos aumentaron 30 por ciento) decidió hacer lo contrario que el resto de las compañías petroleras porque va a “sorprender al mundo”.

Al cabo que su compadre, el ingeniero agrónomo de Chapingo que dirige Pemex, es abusadísimo. En la ceremonia del 18 de marzo, mientras hablaba el Presidente, él acariciaba un peluche con la figura de AMLO.

Hasta ahí algunos ejemplos de excentricidades (por llamarlas de una manera cortés) del Presidente en materia económica que nos llevaron a la recesión el año pasado y nos pondrá en una crisis mucho más virulenta de lo debido en este año.

Y el mundo, lejos de copiarnos, se va a reír de nosotros, como lo ha hecho con los disparates en la forma de enfrentar el coronavirus.

No sólo se van a reír, nos van a castigar con la calificación soberana y con la calificación de Pemex. Nos costará mucho más caro el pago de la deuda y empresas que tenían previsto invertir en México no lo podrán hacer.

En economía las tonterías no quedan impunes: se pagan. Y las ha comenzado a pagar la población, aunque todavía no hemos visto nada.

Mentiras, ocurrencias, desplantes de supina altanería y arrogancia que ya hemos visto en los años del populismo, han vuelto sobre nosotros y, como entonces, estamos solos.

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Al sector privado ya le dijeron ayer en la mañana: “no habrá otras medidas”.

Y al presidente de Coparmex, que se atreve a dar una sugerencia para compartir gastos de nómina con el gobierno en esta cuarentena y así no cerrar empresas y conservar los empleos, lo apabullan con insultos y cartones ofensivos que nada tienen de agudos ni ingeniosos. Puro rencor social.

Estamos solos, en manos de un Presidente sin contrapesos ni conocimientos que nos lleva a una crisis de proporciones insospechadas.

Y a él le acompaña una partida de sectarios e intolerantes que vociferan y atacan cuando alguien osa diferir en voz alta con el Presidente.