¡MÁS QUE UN PRESIDENTE, LÓPEZ ES UNA “BOTARGA”!

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Una “botarga”, como saben, es un disfraz o vestido ridículo de distintos colores, usado en representaciones teatrales o en mascaradas de fiestas de carnaval.

La “botarga” nació de la necesidad social de crear figuras y personajes imaginarios grandilocuentes que, en medio del ridículo, exaltan no sólo la felicidad temporal sino la necesidad del disfrute al final de un ciclo social que debió ser exitoso.  

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Sin embargo, la “botarga” también oculta bajo sus colores llamativos no sólo a quien la porta, sino que esconde sus mentiras y fracasos; encubre sus reales intenciones, ambiciones, características, objetivos y hasta la perversidad de quien gusta de enfundarse en una “botarga”, antes que presentarse frente a frente ante el público.

En la política y en todo el mundo, la “botarga” es una prenda esencial para quienes aspiran a puestos de elección popular. Incluso, existen autores –como Savater–, que aseguran que un político no sería votado si no fuera un mentiroso consumado.

Es decir, que los políticos son votados en el mundo porque, igual que el mexicano López Obrador, son verdaderas “botargas” que ocultan la escoria que en realidad representan.

Pero también queda claro que Obrador ya rebasó por todos los límites permisibles en el uso de la “botarga del poder”.

¿Por qué?

Porque la “botarga presidencial” bajo la que se oculta López Obrador ya llevó al delirio demencial a uno de los políticos más primitivos, más ignorantes y analfabetas que hayan llegado al poder en México y en el mundo.

Porque la “botarga presidencial” conocida como presidente de México hoy sólo representa a uno de los mitómanos más grandes de la historia global; con 50 mil mentiras documentadas en video, en sólo 25 meses de gobierno.

Porque la “botarga presidencial” en que se ha convertido López, ya no le puede ocultar a nadie, en México y en el mundo, el tamaño descomunal de su fracaso y de la ruina a la que lleva a 130 millones de mexicanos.

Y porque a los ojos de los mexicanos y del mundo, está claro que detrás de la “botarga presidencial” mexicana no hay otra cosa que un dictador agazapado que, de un momento otro, dará el zarpazo para buscar instaurar un régimen dictatorial y de terror, con la ayuda de los militares.

Y es que hacia el final del gobierno de AMLO, el respaldo ciudadano a la “botarga presidencial” habrá mostrado el rostro completo del fracaso total, en todos los frentes de la vida nacional, igual que hoy ha fracaso, apenas a 25 meses del arranque de lo que pudo ser el mejor gobierno de la historia.

El fracaso, por ejemplo, en su mayor promesa de “primero los pobres”.

Hoy los pobres son los que primero perdieron su empleo, los que ganan menos, los que más han muerto por la violencia, el crimen y por la pandemia y los pobres son los que pagan el mayor costo de la inflación.

Fracasó en economía, en creación de empleos, en crecimiento del PIB, en bajar los precios de los combustibles, en acabar con la violencia, en frenar los crímenes, en contener los feminicidios, en exterminar las masacres e impedir el crimen violento de periodistas…

Fracasó en salud y en el manejo de la pandemia, con cientos de miles de muertes que López Obrador lleva en la espalda –que no en la conciencia, ya que los psicópatas no tienen conciencia–, con la carga de casi medio millón de vidas de mexicanos; vidas perdidas por los crímenes de Estado de su inconfesable alianza con bandas criminales y la indolencia e ignorancia para el manejo de la pandemia.

Y el ejemplo de que el “presidente-botarga” está completamente fuera de sus cabales, lo vimos el sábado 2 de enero, en un mensaje desde Palacio.

Sin más, sin pena y menos vergüenza, López Obrador dijo la siguiente tontería sobre el gravísimo asunto de la pandemia; acaso la declaración más torpe de su mandato.

“Ya se destinaron para pagar anticipos a las farmacéuticas extranjeras, ya tenemos todas las vacunas que se van a aplicar; estamos hablando de 120 mil dosis de vacunas, para que no se quede ningún mexicano sin ser vacunado”.

Está claro que Obrador no entiende que México es un país de 130 millones de mexicanos y que 120 mil dosis de vacunas no es ni el 1% de la población total. Lo cierto es que no sabe nada y nada entiende. 

Lo cierto es que no entiende nada y no sabe nada.

El mismo mensaje engaño de nuevo con datos económicos que no son producto de su gobierno y dijo tener esperanza y optimismo en el porvenir; que en 2021 se enfrentarán las dos grandes crisis; la pandemia y la económica.

Pero olvidó la crisis de seguridad, de violencia sin freno, de crimen contra mujeres y periodistas; la crisis política, la reiterada violación a la Constitución por parte del propio presidente en tiempos electorales; la crisis de desabasto de medicinas, de empleo, de confianza.

Lo cierto es que resulta inútil toda discusión con un gobierno y un presidente ignorante y analfabeta como López Obrador.

Y también resulta inútil apelar al Congreso o llamar a la Corte para que pongan un alto a la destrucción del país.

Y es inútil porque en México “una botarga”, más que un presidente, sometió al poder de mantener casi absoluta.

Y sí, sólo queda el recurso ciudadano; “la vuelta de tuerca” que puedan conseguir los ciudadanos en las urnas.

Al tiempo.