Los trece padrinos de López Obrador

Especial
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            Si dejamos de lado la capacidad de juicios

                todo se convierte en vértigo

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                Hannah Arendt

Una de mis canciones favoritas, Blowing in the wind, expresa un pensamiento que no me canso de repetir porque toca una fibra sensible de los males de nuestro tiempo: “¿Cuántos oídos debe tener un hombre para poder escuchar el llanto del prójimo?”. Para nuestro infortunio, los oídos más tapados son los de los políticos. Un ejemplo de indiferencia, indolencia y frivolidad es nuestro Presidente.

Debido a su cerrazón y a muchas otras razones, la opinión pública nacional y extranjera se pregunta cómo es posible que una persona tan poco calificada ocupe el más importante cargo de nuestra estructura burocrática. Nadie le niega su esfuerzo de varias décadas para alcanzar su propósito. Si revisamos su tortuoso trayecto, encontramos varios impulsores que (por acción u omisión, de buena o mala fe, a propósito o por error, por coincidencia o circunstancias) coadyuvaron para que Andrés Manuel López Obrador hoy esté decidiendo los destinos de México. Asumo el riesgo de una lista incompleta, pero conociendo la trayectoria política de mi paisano, procedo a señalar a sus más relevantes padrinos.

En 1988, Andrés Manuel le solicita a Salvador Neme (1), candidato del PRI a la gubernatura de Tabasco, ser postulado para la presidencia municipal de Macuspana. Ante la negativa de Neme, se convierte en candidato a la gubernatura por el Frente Democrático Nacional. Cuauhtémoc Cárdenas (2) relata en sus memorias cómo Graco Ramírez Garrido (3) convence a Andrés de esa postulación. Se inicia así en la oposición: “A partir de ahora voy a tener adversarios, contendientes. Pido urbanidad política, elevar el nivel del debate. Todo en beneficio del pueblo. Hagamos un esfuerzo para contribuir con actitudes serias, responsables a perfeccionar la democracia”.  (Tabasco, víctima del fraude electoral, p. 27). Pierde la elección, alega fraude y empiezan sus innumerables protestas.

Carlos Salinas de Gortari (4), molesto porque Neme cree que cultivando a su padre (Raúl Salinas Lozano) se fortalece, ordena su renuncia. Esto detona el liderazgo de López Obrador, quien continúa subvirtiendo el orden público.

En 1994, el PRI postula a la gubernatura tabasqueña a Roberto Madrazo Pintado (5), quien hace la más sucia y costosa campaña —con recursos de origen ilícito— de la que se tenga memoria. Se exhiben las pruebas y en 1995 López Obrador inicia un movimiento mal llamado de resistencia civil, consistente en no pagar el servicio de energía eléctrica. Debido a un trato con Rogelio Gasca Neri (6), director de la CFE, no se suspende el servicio de quienes se declaran en rebeldía. En “reciprocidad”, Andrés Manuel se compromete a no atacar al presidente Ernesto Zedillo (7). Consecuencia: una deuda de miles de millones de pesos aun no totalmente resuelta.

Diego Fernández de Cevallos (8), bien posicionado en las encuestas, no se postula a la jefatura de gobierno de la Ciudad de México ni en 1997 ni en el 2000 por tener “asuntos más importantes que atender” y, lastimado en su ego, asiste a un malhadado debate con López Obrador, quien transmite la percepción, mediante insultos y descalificaciones, de ser el ganador en la desordenada confrontación.

Santiago Creel (9) no apela ante el Tribunal Electoral para invalidar la candidatura de López Obrador al gobierno de la CDMX por su demostrada falta de residencia.

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Vicente Fox (10) cesa a Marcelo Ebrard en septiembre de 2004 por ser cómplice de homicidio culposo de dos agentes federales en Tláhuac, pero no impide que López Obrador lo designe secretario de Desarrollo Social.

Felipe Calderón (11), con su torpeza para gobernar y su frustrado intento de imponerle candidato al PAN, propicia que gane Enrique Peña Nieto (12), quien hace una alianza con López Obrador seis años después.

Hartos y esperanzados, millones de mexicanos (13) votan de manera poco racional. Culmina una tragedia con la ausencia, de principio a fin, del respeto a la ley y del cumplimiento del deber cívico.