Los López

Especial
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La historia de Andrés Manuel López Obrador debería ser bien conocida. Ha traicionado a todos en el camino al poder. Sus aliados políticos fueron cayendo uno a uno desde que logró colocarse como presidente del PRD en 1996: Porfirio Muñoz Ledo, Cuauhtémoc Cárdenas, Rosario Robles. Ya en la presidencia, ha desgastado a sus secretarios (los que trabajan) hasta terminar con ellos, como ocurrió con Carlos Urzúa, y en pocos días con Arturo Herrera, pero también a sus interlocutores, como Carlos Salazar.

En la mente de López Obrador sólo existe él, los demás están para servirlo, y ser desechados cuando eso ya no es posible. Así ha sido por décadas, y así seguirá siendo. Los que pudimos verlo a tiempo, nos alejamos; los que no, se quedaron al sacrificio.

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Tengo la impresión que algo así ocurrirá con otro López, Gatell. El epidemiólogo se siente hoy una persona importante, y como a muchos seres humanos, eso le llena de placer. Pero no tardará en caer, como han caído otros.

En particular, López Gatell no me produce confianza alguna. Sus recomendaciones han ido a contrapelo de la opinión de muchos otros epidemiólogos, dentro y fuera de México. Los de dentro se han cuidado de no ser demasiado explícitos, para no hacer enojar al otro López. Los de fuera no tienen esa preocupación, y han insistido en aplicar el mayor número de pruebas posibles para el coronavirus, o más recientemente en el uso de cubrebocas, dos medidas que López Gatell ha considerado irrelevantes.

En la entrevista que le realizó Richard Ensor, para The Economist, y reproducida en otras partes, su incapacidad ha sido mucho más evidente. Vendimos equipo médico a China cuando era evidente que lo requeriríamos después, al grado que tuvimos que recomprarlo, varias veces más caro. El método centinela, tan recomendado por él, no tiene mucho sentido en un fenómeno como el actual. Las pruebas rápidas, que rechazó en innumerables ocasiones, finalmente han sido aprobadas. Su rechazo continuo a reconocer el alza en neumonías no resiste la prueba de los datos, que a partir de la semana epidemiológica 12 muestran más de 200 mil casos por encima de lo esperado para ese momento del año.

Pero si bien no ha tenido muchos aciertos en materia médica, ha insistido continuamente en la lucha contra la pobreza, en la necesidad pagar impuestos, o en no despedir trabajadores. Recordando sus ilusiones juveniles, López Gatell cree que su posición sirve para impulsar la República Española en tierra de indios. Al hacerlo, no sólo invade los espacios de secretarios de Estado, sino que olvida atender lo que a él corresponde. Su obligación es cuidar de la salud de los mexicanos, no instruirnos acerca de la mejor manera de administrar nuestra economía.

Pero sabe que al tomar este camino será respaldado por el otro López, y por lo tanto tendrá espacios en la mañanera, y la vespertina a su servicio. Y los reflectores son difíciles de rechazar para muchas personas, él incluido.

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El daño que está causando, al posponer medidas de distanciamiento que debimos tomar antes, al rechazar instrumentos para la contención de la transmisión (como los cubrebocas), no se compensará con sus llamados a la economía justa. A lo mejor no lo comprende, pero al no tomar medidas en el momento correcto, el freno económico ha tenido que ser mucho mayor.

Lo peor para él, como ha ocurrido con otros, será cuando López Obrador lo deseche, porque así será. Me sigue sorprendiendo la cantidad de personas con cierta inteligencia, con estudios, con carrera, que son seducidos con tanta facilidad, para convertirse después en desechos. Pero así es el personaje que encumbraron.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey