LA SALUD MENTAL A UN AÑO DE LA PANDEMIA

A casi un año de que se declaró la emergencia sanitaria por la pandemia del COVID-19 en nuestro país, entre las prioridades que encabezan la agenda nacional se encuentra la reactivación de la economía, la ocupación hospitalaria, la demanda de oxígeno pero nada se dice de la salud mental de los individuos.

En este primer año de pandemia se han tenido que enfrentar diversas circunstancias tales como la de tener que quedarse en casa, la alteración de la dinámica familiar, el cambio en la forma de acudir a clases que de presencial pasó a ser en línea, y la pérdida de muchas vidas —según cifras de la Secretaría de Salud accede al día de hoy a 187,187 personas muertas—-.

Dentro de esta cifras se encuentra la muerte de padres, hermanos esposos, hijos, nietos, amigos, que han impactado a igual número de familias.

La modificación en la cotidianidad de la vida, las pérdidas, el miedo a ser contagiado, y la incertidumbre sobre cuándo se terminará la pandemia o si ésta se prolongará indefinidamente, necesariamente provocará afectaciones en la salud emocional y mental de las personas.

Debido al confinamiento, los niños han tenido que hacer un cambio en el método de aprendizaje; ahora sólo puede ver a sus amigos y a sus maestros a través de una pantalla, sus padres son los que supervisan en todo momento su trabajo escolar y pasan largos lapso de tiempo con ellos.

La escuela para el niño no es sólo un centro de aprendizaje, sino además es un lugar para hacer amigos, un espacio de juego. El asistir a la escuela le da la posibilidad de separarse de los padres por un tiempo permaneciendo en un lugar seguro pero que sin embargo, desde que inició la pandemia se ha visto imposibilitados a seguir haciéndolo con las consecuencias que esta imposibilidad les genera.

Otro sector de la población que ha resultado altamente afectado por los cambios en su cotidianidad ha sido la de los adolescentes.

El adolescente necesita del grupo de amigos —sus iguales— para relacionarse, identificarse y con quien sentirse a gusto sin tener cerca el yugo de los padres. Igualmente necesita de su espacio para aislarse, de salir de casa, de ver a la novia, de hacer ejercicio pero son actividades que la pandemia le ha venido a restringir.

Igualmente la vida de las personas de la tercera edad también se ha visto alterada al estar restringida la convivencia con sus familiares más cercanos como pueden ser los hijos y los nietos.

La depresión caracterizada por la presencia de ansiedad y de rasgos de desesperanza frente a un futuro incierto, así como alteraciones en el sueño, la alimentación, irritabilidad y agresión son los trastornos emocionales más comunes que se pueden presentar debido a las restricciones a las que nos ha sometido la pandemia.

Las decisiones erráticas así como un discurso alejado de la realidad por parte del líder de nuestro país, contribuyen a que el miedo y la incertidumbre sean las sensaciones que nos acompañan en la llamada “nueva normalidad” y que a pesar de ello, no se preste atención a la salud mental de los mexicanos.