LA MADRASTRA MALVADA O EL HADA MADRINA. LA MADRE NO BIOLÓGICA

Psic. Ma. Elena Salazar P.

Cada vez es más común que mujeres que se encuentran en la década  de los treintas y que no han decidido si quieren ser madres o no experimenten relaciones amorosas con hombres divorciados, o en el mejor de los casos viudos que tienen hijos.

Es entonces que la mujer se vera obligada a enfrentar la disyuntiva de si quiere tener hijos o ser madre no biológica de los hijos de su pareja, es decir; convertirse en madrastra.

La figura de la madrastra es la imagen de una mujer mala que no quiere a los hijos de su pareja y que busca deshacerse de ellos; imagen que de ella nos regalan esencialmente los cuentos de hadas.

Quién no recuerda a la malvada madrastra de Blancanieves que por envidiar la belleza de su hijastra la manda matar para sacarle el corazón; o a la madrastra de Hansel y Gretel quien bajo el argumento de ser muy pobres y no tener dinero para alimentarlos, lleva a los hijos de su esposo a un paseo por  el  bosque para dejarlos abandonados. 

Ahora bien: ¿En realidad las mujeres de carne y hueso al hacerse cargo de hijos que no son suyos se vuelven malvadas?, ¿a qué se enfrenta una mujer cuando se convierte en madrastra?

La mujer que decide tener un hijo se enfrenta a la gran tarea de cimentar de manera armoniosa la unidad que formará con su hijo durante el embarazo —-en donde los dos son uno mismo—; para después del nacimiento poder disolver esta unidad y convertirse en dos personas separadas y distintas pero que los une un lazo de amor y aceptación que se construyó durante el embarazo.

En cambio, entre los hijastros y la madrastra, este lazo no existe y el encuentro entre ambos se da cuando el menor construyó previamente un lazo con otra mujer, su madre biológica.

Es así que la madrastra se encuentra ante el cuidado de uno o varios niños nacidos de “otra”, que en su imaginación, es su rival, aunque la madre biológica pudiera estar muerta; rivalidad que hace convertir a la madrastra en una bruja, más que en el hada madrina. 

Para una mujer, la presencia del hijo de otra puede ser un recordatorio intolerable de la existencia de esa otra mujer que en un tiempo anterior, fue amada por su pareja actual.

Por su parre, el hijo llega con sus propios conflictos como el duelo por la pérdida si fuera el caso, de  la madre fallecida, o por la separación de los padres; duelos que si no han sido procesados por el menor, contribuyen a que se convierta en un hijastro con el que pudiera resultar conflictiva la convivencia.

Es así, que la mujer que encara de forma inesperada a la alternativa de ser madre o no, se enfrenta a todo aquello que quizás a postergado preguntarse: ¿estoy preparada, tengo la capacidad para ser madre, este es mi momento, este es el hombre adecuado, puedo llegar a querer a este niño como si fuera mío?

Responder todas estas preguntas más las que se acumulen, le permitirán a la mujer decidir si quiere  seguir soltera, convertirse en madre, en madrastra, en el hada madrina  o en la bruja del cuento.