LA BENDITA CUARTA TRANSFORMACIÓN Y SU MESÍAS

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No cabe duda que la cuarta transformación es la mayor bendición que México pudo haber recibido y su profeta es todopoderoso, omnipotente y omnisciente. Que afortunados somos los mexicanos que pudimos encontrar al mesías, antes que los judíos se nos adelantaran.

Por decreto de la deidad suprema de la cuarta transformación, desde el primero de enero se acabó la cuesta de alzas e incrementos que angustiaban a nuestro sufrido pueblo. Tenía que aparecer el redentor para acabar con estas malas prácticas que los empresarios antipatriotas ideaban para enriquecerse a costillas de los que menos tienen.

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Tenía que hacer acto de presencia el salvador de la patria para hacer justicia a los desposeídos y aumentar el salario mínimo en la proporción que le diera la gana y compensar los esfuerzos de los sufridos trabajadores mexicanos, que esta vez si podrían presumir que cuentan con un ingreso remunerador, que recompensa sus capacidades.

Se acabaron las crisis, la carestía y la inflación, merced a su voluntad sagrada e inapelable. El ser supremo ha decidido que quiere que la nación sea feliz y nadie puede cometer la osadía de desafiarlo, nadie puede tomarse el atrevimiento de llevarle la contraria. Esas son malas artes exclusivas de fifís y conservadores.

Disfrutamos de un panorama esplendoroso en su totalidad. Solo por favor que alguien le explique a los empresarios, encargados de la generación de la riqueza, de donde van a sacar para pagar los aumentos salariales, sin incrementar precios, ni reducir prestaciones.

Por favor que alguien explique como vamos a crecer, si no hay confianza de los inversionistas. El crecimiento cero no es una falacia, ni una cifra a la que se haya llegado por el sencillo placer de observarla en un cuadro de estadísticas, sino que refleja el estado de ánimo de los dueños de capitales, respecto del quehacer gubernamental.

Por favor que alguien me explique como van a dejar de subir los precios y a acabarse la inflación. Porque el índice inflacionario es consecuencia de una serie de acciones y omisiones en las que el sector público, a través de sus políticas es protagonista y no consecuencia de la mala voluntad de un sector de empresarios, ávidos de dejar en vergüenza al presidente.

No cabe duda que los mexicanos somos afortunados al haber encontrado, de manera providencial, al hombre del destino, al encargado de consolidar la grandeza de la patria. Ahora es el momento de las loas y alabanzas. Me pregunto cuanto tardaremos en crucificarlo, tal cual pasa con todos los mesías.

Dios, Patria y Libertad