Alta Frivolidad

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Yucatán ha tenido malos gobernadores. En la antigüedad, se hablaba de Tomás Marentes y Bartolomé García Correa, mejor conocido como box pato (el pato negro, para quienes nos lean fuera de las lajas del sureste de México).

En épocas mas cercanas podemos hablar del general Graciliano Alpuche Pinzón (al que siempre consideré un buen hombre, pero que cometió muchos errores, debido a que se desavecindó de nuestra tierra) e imposible dejar de mencionar a Ivonne Ortega Pacheco, que cometió todos los errores posibles y algunos otros más, merced a haber llegado a la primera magistratura estatal muy joven y sin equipo político propio.

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Pero Mauricio Vila Dosal constituye un caso para la araña: juro que a lo largo de toda mi vida, jamás habia visto a un político en campaña repudiar las muestras de afecto de sus seguidores e incluso dar muestras de asco (no es chisme, hay videos de esto) y ello se debe a que el gobernador en funciones, no solo no nació en Yucatán (es oriundo de Toluca), sino que jamás se integró a nuestra sociedad y por ende, desconoce nuestras costumbres y cultura (que tampoco le interesan y por eso, ni se preocupa por conocerlas) y como consecuencia, ha cometido todos los errores del mundo y algunos otros más.

Lo anterior, no tendría mayor trascendencia, toda vez que es de humanos cometer errores, si no fuera porque Vila prometió acabar la corrupción que afirmó existía en la administración estatal que le antecedió y porque afirmó que no tomaría represalias contra nadie por cuestión de simpatías ideológicas.

El tema es que ha ocurrido todo lo contrario: si bien es cierto que al asumir el poder se fincaron demandas contra varios ex funcionarios de la administración pasada, a la fecha, esos expedientes no han registrado avance alguno y Mauricio Vila no ha vuelto a decir esta boca es mía al respecto.

En lo referente al segundo aspecto, Vila ha desatado una feroz persecución contra todo aquel sospechoso de tener simpatías o vínculos con el partido anterior en el poder (el PRI), teniendo un saldo de alrededor de doce mil despedidos, a los cuales no se tacha de ineptos o corruptos, sino de priistas, situación contraria a toda noción de humanismo y hasta de buen sentido, conceptos que pregona a voz en cuello el Partido de Acción Nacional, de cuya extracción proviene el mandatario.

Peor aún, Vila ha dividido y fracturado al panismo yucateco, en mérito de su afán por imponer a Cecilia Patrón Laviada, presidenta del comité municipal del blanquiazul en Mérida, como candidata a la alcaldía de la ciudad; lo mismo que por su estilo personal, soberbio y autoritario, que no admite discrepancias.

Pero con lo que Vila se lució fue cuando en ocasión de su informe de gobierno, mandó gasear a un grupo de manifestantes, que protestaban por los excesivos cobros en materia impositiva, que por medio de la complicidad del legislativo local, pretende imponer.
Mucho tiempo debió transcurrir en Yucatán (más de veinticinco años) para que un gobernador pensara en reprimir al pueblo (la última que lo hizo, fue la priista Dulce María Sauri Riancho, hoy diputada federal).

La represión desatada por el ejecutivo estatal ha provocado que el pueblo se levante en pie de guerra contra sus autoridades y recurra a marchas y manifestaciones constantes, que a mediano plazo, se traducirán en historia, pues sin duda el oriundo de Toluca será el primer gobernador depuesto por sus gobernados, a través del mecanismo de la revocación de mandato.

Inmerso en una creciente espiral de corrupción, ineptitud, falta de resultados, rechazo popular, alta frivolidad en viajes sin resultados y división en el seno de su propio partido, Mauricio Vila Dosal abre, quizá sin quererlo, la puerta a una posibilidad histórica: el acceso al poder de una tercera alternativa electoral, la izquierda encarnada en MORENA.
No olvidemos que a principios del siglo XX, Carrillo Puerto, encabezó el primer gobierno socialista y que los yucatecos somos, para bien o para mal, un pueblo romántico y amante de sus tradiciones y pasado. De suerte tal, que pudiera darse la ocasión de volver a intentar poner en práctica añejas recetas sociopolíticas.

Solo el tiempo dirá si esto, es susceptible de hacerse realidad. Lo que es un hecho, es que Mauricio Vila y su régimen son cadáveres políticos que ya tienen un tufo que hiede, solo que aún no se dan cuenta (de hecho, son los únicos que no lo perciben todavía).

Dios, Patria y Libertad