DEBEMOS TOMARLE LA PALABRA

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Andrés Manuel López Obrador hace unos días dio a conocer en su acostumbrada rueda de prensa, una conjura organizada en su contra por los conservadores, que implica la participación de partidos políticos, agrupaciones civiles, empresarios, medios de comunicación y comunicadores, como si esto fuera una ilegalidad.

López Obrador se rasgó las vestiduras, indignado porque un grupo de mexicanos, haciendo legítimo uso de sus libertades y derechos, tenga el atrevimiento de pretender sacarlo del poder y consecuentemente, desplazar a MORENA del gobierno.

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López Obrador planteó el asunto (no confirmado según afirmó y que luego se supo, se trata de una falacia maquinada desde los mismos sótanos del poder), como si se tratara de un complot para asesinarlo y no de una actividad garantizada y respaldada por nuestro texto constitucional, que permite a los mexicanos modificar en todo momento su forma de gobierno.

Pero bueno, aprovechando el viaje, podemos decir que por primera vez en mucho tiempo, al oriundo de Macuspana le giró el hamster y es preciso admitir que la idea es buena. De tal suerte, es indispensable reconocer que para desplazar del poder a un presidente con tendencias autoritarias y vocación de dictador y a lo que se pretende constituir como un partido de estado, es preciso oponer una muy amplia alianza ciudadana, que implique el concurso de todos los sectores incluidos por los esbirros de López Obrador.

Tomémosle la palabra al presidente y emplacemos a los partidos políticos, a las asociaciones civiles y grupos de la sociedad organizada, a las iglesias, a los empresarios, a los medios de comunicación y a los comunicadores, a integrar esa enorme boa, encargada de devorar el proyecto de división y polarización social del tabasqueño y sus paniaguados.

Intimemos a la parte sana de la población, a los mexicanos que tienen aspiraciones, a los hombres y mujeres con ambiciones legítimas y ganas de superarse, a defender a su patria. Porque es un hecho que ningún ser humano sensato, va a pretender empobrecer o disminuir su nivel de vida, sino que por el contrario, tratará de mejorar y superarse y esto mismo es lo que impiden López Obrador y su partido: el presidente y MORENA son los más grandes obstáculos para el desarrollo y el progreso de México y es preciso hacerlos a un lado, pasando por encima de ellos, si fuera preciso.

No hay tiempo que perder. Estamos en el instante definitorio y definitivo para dar un golpe de timón y recuperar a la patria. Es el momento exacto para reencauzar y corregir el rumbo. Estamos en el término preciso para evitar caer al barranco y poder poner proa hacia un futuro promisorio. No nos debe intimidar la agresividad y belicosidad de las hordas de los babeantes seguidores del primer mandatario, que en su fanatismo, agreden, insultan, ofenden y amenazan. A pesar de sus bravuconadas, se han dado cuenta de la creciente insatisfacción y rechazo social que genera su postura comunistoide y ya no encuentran argumentos para revertir la tendencia de reprobación mayoritaria, más que las burlas o las ofensas. Pero esto, no debe hacernos mella.

En lo económico, en lo social y en lo político, estamos a punto de precipitarnos en una vorágine de sucesos, que pueden traducirse en un cataclismo social. Esto es lo que hay que evitar a toda costa. No podemos dejar el destino de nuestra patria es manos de un demente, que toma decisiones irracionales y que cancelan toda posibilidad de un porvenir venturoso.

Llamemos pues a todos los mexicanos, a la insurgencia cívica, a la desobediencia civil, combatamos al régimen lopezobradorista con la ley en la mano, haciendo uso de todos y cada uno de nuestros derechos y facultades constitucionales. Es preciso hacerlo ya, antes de que la patria se nos deshaga entre las manos.

Dios, Patria y Libertad