El debate de la estrategia de seguridad nacional, especialmente sobre la “militarización” del país y las leyes que, supuestamente, permitirán que el “Estado” mexicano espíe a las y los ciudadanos, está llena de claroscuros y de una alta irresponsabilidad.
Por una parte, los partidos políticos opositores, con representación en el Congreso de la Unión, utilizan mensajes para propagar la idea de que la nueva normatividad es el paso seguro a la dictadura y un Estado represor. Lo hacen utilizando los medios de comunicación tradicionales y las redes sociales, sin tener algún tipo de censura.
La oposición al Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) no deja atrás la figura de Andrés Manuel López Obrador pues, especialmente los partidos Acción Nacional y Revolucionario Institucional, lo fijan como el responsable de los males de la República.
Entre el 2016 y el 2025, muy poco de la narrativa que la oposición construyó en contra del ex presidente lo afectó; tampoco lo logran con la heredera política de la Cuarta Transformación: Claudia Sheinbaum.
En otro espacio, los comunicadores de las grandes empresas de información, que vivieron con el anterior régimen, difunden argumentos y análisis incompletos para criticar y difundir el “Estado totalitario” al que, dicen, nos encaminamos. Tienen intereses y negocios, muy pocos están interesados por la democracia, la libertad, la responsabilidad social o el combate a la desigualdad y la marginación.
Es probable que la oposición consiga aceptación y apoyo al cuestionar o criticar las acciones de la presidenta de la República, pero sus mensajes consiguen aplausos en la esfera de su cotidianeidad, un espacio cerrado y limitado, permeado de los disgustos, odios, revanchas y frustraciones.
Desde el 2016 una parte de la oposición apostó a la caída del líder histórico del MORENA y a evidenciar los desaciertos y corrupción del nuevo régimen. Sus críticas e intentos no les dieron más movilización y votos.
En su espacio, desde la conferencia matutina, la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum afirma que todo lo dicho por la oposición es mentira e intenta utilizar señuelos para desviar la comunicación hacía sus zonas seguras.
Los promotores de MORENA, en los medios alternos de comunicación, especialmente, intentan construir el régimen del “todo está bien” y del “Felipe Calderón” es el responsable del basurero que los gobiernos de la Cuarta Transformación están intentando solucionar. En parte tienen razón.
Lejos de explicar el nuevo modelo de la estrategia de seguridad pública, clara y eficientemente, los promotores de la Cuarta Transformación le hablan a los suyos y apelan a la aceptación de la presidenta de la República (80 % de las y los mexicanos).
A una parte del MORENA se le olvidó recorrer los distritos, ciudades, pueblos, para informar y desmentir lo que la oposición difunde y propaga sobre el probable Estado espía y militar. Sin embargo, aún tiene –aún- una alta credibilidad de los que votaron por ellos y se movilizan a su favor.
La credibilidad de la Cuarta Transformación se puede agotar y, si una oposición responsable modifica el cómo le comunica a las personas en general y deja atrás sus rencores y frustración por perder dos elecciones presidenciales consecutivas, la elección del 2027 podrían no estar garantizada.
No se ve de dónde surja esa oposición responsable. No hay en el horizonte una figura que centre los descontentos que generan los gobiernos del MORENA en parte de la población. Ante el grave desprestigio, algunas y algunos abandonaron el campo de la disputa electoral y política y esperan detrás del escritorio y promueven en redes sociales datos parciales y falsos supuestos que no son útiles para la toma de decisiones.
Leo a destacados analistas y columnistas en materia de seguridad pública escribir críticas severas a la estrategia de seguridad pública sin citar los artículos de las reformas que justifican sus comentarios; sin haber leído los documentos aprobados en el Congreso de la Unión, opositores activos en las redes sociales repiten que el Estado mexicano espiará a las personas y se convertirá en uno represor.
En el frente, la mayoría de los promotores de las leyes y de la estrategia de seguridad pública replican lo dicho por los líderes, pero no desmienten y aclaran puntualmente la desinformación de la oposición ¡Para qué analizar si existe la inteligencia artificial!, nos informó la diputada Olga Leticia Chávez Rojas.
En la base de lo que están leyendo, escuchando y mirando las personas que no están en la esfera de la discusión pública, hay una gran irresponsabilidad de los actores políticos. Los comunicadores promueven sin entender; critican sin analizar; generan debates sin sustancia; hacen propaganda, no información.
Se entiende por parte de la oposición que no encuentra rumbo, que graciosa y alarmantemente señala el camino al infierno al que, supuestamente, nos lleva MORENA, pero no se explica de los integrantes y simpatizantes de la cuarta Transformación, que tienen la oportunidad de consolidar su visión de país, régimen y gobierno.
La Estrategia de Seguridad Pública es un modelo que rompe con la visión del gobierno de Andrés Manuel López Obrador; apuesta por mayor investigación, coordinación de todas las instancias y el uso de las nuevas tecnologías; apuesta a la pacificación del país y no a la guerra.
A la estrategia de seguridad pública hay que entenderla, primero, para poder medirla, para poder vislumbrar si tendrá éxito o será un nuevo fracaso en el combate a la delincuencia organizada.
¿Puede ser un instrumento que fortalezca el autoritarismo? Sí, por supuesto, y por eso es necesario construir los equilibrios y darle seguimiento puntual ¿Cómo lo logrará la oposición?
La mayoría de los gobiernos en México ha tenido rasgos autoritarios por que el sistema presidencial le da esa oportunidad a quienes llegan al ejercicio de poder. Se necesita, tan sólo, apelar a la Constitución Política.
Entre 2012 y 2015, cuando se firmó el Pacto por México, la hoy oposición pudo modificar las reglas del juego y consolidar la democracia (en 2018 y 2024 perdieron con sus mismas reglas); no lo hicieron y tampoco cambiaron el modelo de seguridad pública.
Desde el gobierno de Vicente Fox hasta el de Andrés Manuel López Obrador, el autoritarismo es una tentación y la seguridad pública se le fue de las manos a los gobiernos civiles, por eso la necesidad de hacer uso de los cuerpos militares como lo hizo Felipe Calderón Hinojosa.
El límite de un gobierno autoritario radica en una sociedad más informada, que tenga sustento para cuestionar, reclamar, pedir cuentas a los gobiernos en turno y tomar la mejor decisión político-electoral.



