El autorretrato del Presidente

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Duele que el Presidente de México destile veneno contra la ciencia y sus más altos exponentes que han trabajado para servir al país.

Preocupa que se arrogue la autoridad moral para descalificar, por “conservadores”, a quienes se inconforman por los crímenes contra mujeres.

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Quienes protestan están contaminadas por el conservadurismo.

La semana pasada López Obrador nos recordó quién es él, por si quedaban ingenuos que confiaban en que iba a cambiar cuando asumiera el poder.

Ante el despido del director del Instituto Nacional de Neurología, doctor Miguel Ángel Celis, reaccionó con arrogante menosprecio: “quién sabe eminencia para qué, porque eso decían también de los tecnócratas, que eran eminencias y miren cómo dejaron al país…”.

Ese médico estudió, ha formado a parte de los mejores neurocirujanos del país y ha puesto sus conocimientos, reconocidos internacionalmente, al servicio de un Instituto médico del Estado, y lo echan por un arranque de prepotencia de la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval.

López Obrador, en lugar de frenar la persecución irracional, avala el despido y suelta una calumniosa insinuación: “Directores de Institutos quieren sacar provecho personal”.

¿De dónde saca que esos médicos son corruptos?

No puede gobernar para todos los mexicanos: detesta a los que tipifica como conservadores, neoliberales o tecnócratas. Los ve en cada problema que no puede resolver. En cualquier reclamo legítimo. En todo punto de vista diferente al suyo.

Todos los días inventa enemigos malignos que quieren acabar con él y ataca injustamente a buena parte de sus gobernados.

Ve la mano de “los conservadores” en el paro de mujeres del próximo 9 de marzo, porque en su mente sólo tienen aprobación las protestas que él organizaba.

“Ahora los conservadores se volvieron feministas, y la prensa fifí. Quieren enfrentarnos soterradamente. La derecha está metida” (en el paro nacional).

Y si hay mujeres de derecha en la protesta, ¿qué?

¿Qué autoridad moral se arroga López Obrador para certificar quiénes sí pueden solidarizarse con las mujeres víctimas de crímenes y quiénes no?

Veneno puro hay en las palabras del Presidente, cegado por una ideología arcaica y una vanidad sin igual.

Con la mano en la cintura y por instrucciones suyas se quitaron los apoyos a los refugios de mujeres golpeadas, a las Estancias Infantiles para Madres Trabajadoras, a la fundación que atendía con quimios y medicinas costosísimas a 8,500 mujeres con cáncer de mama, liquidaron el Seguro Popular sin tener algo armado para sustituirlo. ¿Y quiere que nadie se enoje?

Se dispararon 10 por ciento los feminicidios en su primer año de gobierno, ¿y no quiere que haya malestar?

Toma los feminicidios no como lo que son, un ataque homicida a las mujeres, sino como un golpe político a su persona.

¿De veras esos salvajes que mataron y vejaron a una niña de siete años no querían dañar a Fátima, sino a López Obrador? O, al contrario, los asesinos ¿son víctimas del neoliberalismo y por eso actúan así?

No se puede ver al país con tales anteojeras ideológicas, con ese narcisismo que lo embriaga, pues vamos a terminar envenenados todos.

La ola de indignación por ese y otros asesinatos no tiene tal trasfondo político orquestado por los conservadores para perjudicarlo a él.

Obviamente habrá consecuencias políticas por su falta de eficacia para frenar los crímenes. Por la frivolidad de sus reacciones. Por su ofensiva desubicación al compadecer a los criminales en lugar de dar el pésame a los familiares de las víctimas.

En la semana le recordaron que se cumplía un año del asesinato del activista morelense Samir Flores, y en lugar de informar sobre las investigaciones, respondió que habían usado ese crimen para perjudicarlo a él.

Demasiado, ¿no?

Pacientes con VIH cierran Reforma para protestar por falta de medicinas. También protestan los padres de niños con leucemia porque no llegan medicamentos. Mujeres con cáncer de mama dan declaraciones entre sollozos de impotencia porque el gobierno ya no ayuda a la fundación que las atendía…

¿Qué tiene que ver la lucha de liberales y conservadores del siglo antepasado con la negligencia del gobierno en 2020?

La culpa de los problemas, para el Presidente, siempre la tienen otros porque él no se equivoca.

Irma Eréndira Sandoval, secretaria de la Función Pública, fue a Neurología a constatar la situación y para su mala fortuna alguien videograbó la reunión y afloró la realidad: no hay medicinas ni equipo médico ni jabón ni guantes ni gasas ni suturas…. “Yo llevo 30 años aquí y nunca había ocurrido esto”, le dijo una enfermera con antigüedad de 30 años en el Instituto.

En lugar de castigar la falta de recursos a la Salud, promovió la remoción del director.

No hay medicinas ni material de curación porque les escamotean el dinero, mientras sobra para programas con fines político-electorales del gobierno a fin de “derrotar y enterrar para siempre a los conservadores” en los comicios del próximo año.

Cuánto veneno. Cuánta vanidad. Un crudo autorretrato.