Crimen organizado: capos, finanzas y estructuras

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Está claro que al crimen organizado, y sobre todo a las principales bandas del narcotráfico, no se los derrotará con abrazos. Es verdad que tampoco la solución es simplemente policial o militar, usando el legítimo uso de la fuerza del Estado. Lo que se requiere es una combinación, un coctel de políticas que ataquen los distintos ámbitos en los que se desenvuelve el crimen, organizado o no.

Es un error, como se ha pensado al inicio de esta administración, pensar en que sin tocar a las cabezas de los grupos criminales se pueden romper las cadenas de operación de los mismos. Un error tan grande como pensar que sólo con la caída de los grandes —o medianos— capos se acabará con sus organizaciones. La salida está en seguir golpeando en forma constante a los cárteles en todos sus niveles y, por supuesto, en intentar descabezarlos, pero hay que avanzar también en otros ámbitos que, en muchas ocasiones, son los que más se le han dificultado a las autoridades, en México y en otros países, incluyendo Estados Unidos: la inteligencia y, a partir de ello, la destrucción de sus estructuras financieras. Ambas cosas van de la mano y es imposible avanzar en el mediano y largo plazos sin ellas.

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Los golpes anunciados ayer en la Ciudad de México por la Secretaría de Seguridad capitalina y la Unidad de Inteligencia Financiera son un buen ejemplo de lo que se debe hacer. Se detectaron operaciones irregulares por 4 mil 800 millones de pesos y se congelaron cuentas por valor de dos mil 688 millones de pesos, de empresas o particulares supuestamente relacionados con 12 bandas criminales, incluyendo todos los principales operadores en la Ciudad de México.

Son mil 325 cuentas congeladas que incluyen a todos los principales grupos que operan en la capital del país, no sólo los relacionados con el narcotráfico y el narcomenudeo, como la Unión, la AntiUnión y Tláhuac, sino también los involucrados con otros delitos graves, como los Rodolfos, implicados ampliamente en el delito de secuestro.

Se ha dicho que no se ha incluido en estos golpes al Cártel Jalisco Nueva Generación, autores del atentado contra el secretario de seguridad capitalina, Omar García Harfuch, pero se olvida que esa organización criminal opera en la Ciudad de México con el membrete de los grupos de la AntiUnión y Tláhuac, además de otras bandas menores.

Este golpe financiero se ha dado en un contexto en el que todos estos grupos han sufrido detenciones de la mayoría de sus líderes y principales operadores. Y la reducción de los niveles delincuenciales en la capital son una demostración de que ésa es la política de seguridad que puede funcionar mejor, la que combina los golpes policiales con la inteligencia pura y la financiera. Cortar sus brazos operativos, pero también los logísticos y financieros. Y la reacción de esos grupos ante esas políticas también lo confirman: la virulencia con la que han intentado actuar contra García Harfuch lo demuestra.

Existe otro brazo que no se puede ignorar: la colaboración en información e inteligencia con la Unión Americana. Ya en marzo vimos cómo un operativo que se había realizado en Estados Unidos en febrero se vio replicado semanas después en México con la llamada operación Agave Azul, de la UIF, que permitió congelar unos mil 600 millones de pesos en cuentas del CJNG. En esta ocasión la operación de inteligencia, llamada operativo Zócalo, parece haber tenido un componente básicamente nacional, pero se puede hacer mucho más cuando la presión se ejerce a ambos lados de la frontera.

Ayer mismo, el gobierno de Estados Unidos anunció una recompensa de un millón de dólares por quien brinde información sobre José Rodolfo Villarreal Hernández, un personaje apodado El Gato y que ha sido históricamente uno de los principales operadores del cártel de los Beltrán Leyva desde la época en que éstos eran unos de los principales cárteles del país.

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El poder de los Beltrán Leyva desde la muerte de Arturo, en Cuernavaca, se ha ido deteriorando progresivamente, pero siguen conservando espacios de operación propios muy importantes en algunos puntos del país. El Gato, que fue un importante operador en la zona de San Ignacio, en el norte de Sinaloa, en la frontera con Sonora y en lucha contra El Mayo Zambada, es quien controla, por los Beltrán Leyva, el municipio de San Pedro Garza García, en Nuevo León, el municipio más rico del país y un enclave estratégico para los grupos criminales por muchas razones, incluyendo las posibilidades financieras que ofrece.

No hay una solución unilateral para el desafío que implica el crimen organizado y sus múltiples facetas. Pero si se atendieran las pocas historias de éxito (que en realidad, en términos históricos, son más de las que se cree, aunque a veces sean ignoradas), veríamos que el golpe a sus cabezas y operadores, combinados con la inteligencia y la destrucción de sus redes financieras, es uno de los principales caminos que se deben seguir. Ninguno por sí solo reportará demasiados éxitos, pero combinados pueden ser letales para muchas organizaciones criminales.