AMLO, promesas y un año más de plazo

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“No estás solo”, le gritaban al presidente Andrés Manuel López Obrador mientras se instalaba, absolutamente solo en un enorme escenario frente al Zócalo capitalino, organizado en forma muy distinta de aquellas grandes movilizaciones masivas: todo está cuadriculado y con grupos específicos. Cada uno en su lugar. Sólo su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, lo acompañó durante los últimos párrafos del mensaje.

El discurso del primer año, triunfalista hasta el exceso, es el mismo que pronunció hace un año al tomar el poder, a los cien días de gobierno, o el pasado primero de septiembre, en el informe presidencial: el poder político sobre el poder económico; la guerra “sólo a la corrupción y a la impunidad”; datos imposibles de comprobar, como que se ahorraron 200 mil millones de pesos en actos de corrupción; insultos a la carta (“los conservadores corruptos que con amparos hicieron sabotaje jurídico contra el aeropuerto de Santa Lucía”); la confusión consciente de proyectos que se dan por hechos, aunque sólo existen en el papel; la mitología del petróleo, de Pemex y  de la Comisión Federal de Electricidad; una visión idílica de la economía que “crece desde abajo”, aunque en el crecimiento real eso no se refleje y el crecimiento “desde abajo” dependa, en gran medida, de las remesas de nuestros paisanos que suman este año 26 mil 980 millones de dólares (un éxito que se apunta como suyo también la Cuarta Transformación); un éxito de lucha contra el huachicoleo en más de un noventa y cinco por ciento, que no se entiende porque las cifras de ventas de gasolina de Pemex no se han movido. El Presidente anunció en su discurso que también se acabó el sargazo en las playas mexicanas (sic).

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El setenta y cinco por ciento de los hogares cuenta con un programa de apoyo y bienestar, el problema es que nadie sabe quién los recibe y cómo, porque no son regulados ni supervisados. Dice el informe que se han dado trabajo a 930 mil jóvenes que “eran discriminados como ninis”, con un apoyo de 2 mil 600 pesos a cada uno. Dice el Presidente que gracias a ello se ha evitado que los jóvenes se incorporen a la delincuencia. No hay un solo dato que lo demuestre.

Se crea el banco del Bienestar, con tarjetas para todos los beneficiarios y con planes de que el próximo año tenga 13 mil sucursales en todo el territorio nacional, algo que todos los banqueros consideran imposible: 13 mil sucursales bancarias no las tienen todos los principales bancos del país juntos. No se dice de dónde se sacarán los recursos técnicos, materiales y humanos para operar esas trece mil nuevas sucursales bancarias planeadas.

Larga apología a la nueva Reforma Educativa, anuncio de nuevas universidades que, supuestamente, funcionan en todo el país y denuncia a la política “absurda e irresponsable” de tener exámenes de ingreso en las facultades. Plantea un ingreso sin restricciones para quien quiera llegar a la educación superior. Basta, dice, de rechazados porque no pueden aprobar exámenes.

Y, finalmente, tuvo que llegar al tema de la seguridad. Ninguna autocrítica, ni la más mínima, ni siquiera en los casos Culiacán y LeBarón, pero sí un revisionismo histórico por lo menos cuestionable. La crítica no fue ni siquiera al pasado cercano, se fue doce años atrás para atacar al expresidente Felipe Calderón quien ordenó una guerra, dijo, de aniquilamiento, cuyos mandos militares (muchos son los mismos que ahora lo acompañan) dictaron la orden de  “acabar con los delincuentes y no preocuparse por los derechos humanos”, cometiendo, aseguró, masacres y violaciones.

Alabó lo realizado en Culiacán cuando se liberó, ante la presión criminal, a Ovidio Guzmán. La estrategia de seguridad, dijo, está en el Plan Nacional de Desarrollo (donde no hay estrategia de seguridad alguna) e insistió en que pasa por cambiar condiciones de vida, por la tolerancia cero a la tortura, por la búsqueda de desaparecidos, la recuperación de los cuerpos de los mineros de Pasta de Conchos (¿?) y la reafirmación de que no se utilizará al Ejército y a la marina para perseguir cárteles, por ende nadie los perseguirá.

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No hubo una frase, una palabra, una condena a los criminales que han dejado, en once meses, más de 30 mil muertos y las tasas de robo, extorsión, secuestro y feminicidios más altas de la historia del país.

Le agradeció al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, su apoyo y respeto, pero no pronunció ni una palabra sobre la exigencia del cambio en la política migratoria ni del desplazamiento de 27 mil elementos de la Guardia Nacional a la frontera, mucho menos de la amenaza de designar como terroristas a los grupos de narcotráfico, con todo lo que eso implica.

Hace un año pidió cien días para acabar con la inseguridad, luego seis meses más para hacerlo.

Ahora, al finalizar su discurso, dijo que dentro de un año se cumplirán esos y otros objetivos. Veremos.