¡NO ES “CHUMEL”; ES CENSURA, Y PUNTO!

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Resulta increíble que ciudadanos, periodistas intelectuales y políticos –supuestamente educados y cultos–, sean incapaces de ver y entender que en el supuesto pleito “de la señora presidenta” con un comediante, no hay más que censura oficial.

Y la censura oficial, por si no lo saben o lo han olvidado, es una de las peores “taras sociales” de la historia; es el fin de la democracia y es sinónimo de dictadura. 

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Y es que a muchos les puede gustar o no la irreverencia de Chumel Torres –en sus plataformas digitales–; puede ser incomodo para muchos su manejo vulgar, soez, machista y discriminatorio del lenguaje pero, al final, sólo compete al ciudadano tolerar y/o sancionar esa irreverencia, vulgaridad, lenguaje soez, machista y discriminatorio.

Sí, nos guste o no, la libertad de expresión de Chumel y de todos los mexicanos está garantizada por la Constitución y, por tanto, si al presidente Obrador, a su esposa o a cualquier ciudadano le incomoda lo que dice el comediante, si les molesta la manera en cómo lo dice, el tono burlón, arrogante, vulgar… entonces tienen dos caminos posibles en democracia.

El primero camino, y más saludable, es que cada quien, en lo individual, proceda a cancelar y/o bloquear de sus redes y dispositivos a Chumel.

Sí, aquellos que creen que es grosero, soez, vulgar, “naco” y que denigra y discrimina a hombres y mujeres, no tienen más que bloquearlo, y punto. De esa manera cada cual estará a salvo de un indeseable como Chumel.

Pero nadie –sea un ciudadano, sea una autoridad, política o religiosa–, tiene derecho a asumir el papel de vigilante de lo que deben o debemos ver y escuchar los otros ciudadanos.

¿Por qué?

Porque esos guardianes de la conciencia ajena, de la conciencia colectiva, no sólo son los peores enemigos de la democracia y pilares de toda dictadura sino que son la versión moderna de la censura previa, la Sana Inquisición, son los Torquemada del siglo XXI. 

Y el segundo camino es que quien presuma de que tal o cual comediante, crítico o periodista rebasa los límites legales y/o constitucionales de la libertad de expresión, puede acudir ante la autoridad competente para que sea esa autoridad, y nadie más, quien determine y, en su caso, sancione.

En cambio, los que vimos en el caso de Chumel Torres –satanizado por “la señora presidenta”, por el presidente mismo, además de que fue linchado por no pocos periodistas, medios y ciudadanos–, no tiene otro nombre que censura.

Más aún, el poder presidencial cayó por lo menos sobre una de las empresas privadas que contrataban a Chumel y, mediante amenazas, obligó a esa empresa, HBO, a despedir al comediante.

Y si aún dudan de que se trata de una vulgar censura, basta recordar que el “modus operandi” empleado contra Chumel Torres es exactamente igual al aplicado en la persecución de Ricardo Alemán.

Es decir, un linchamiento en redes, seguido de la amenaza a las empresas con las que teníamos un contrato.

Pero hay más. En el linchamiento orquestado contra Ricardo Alemán, el calificativo preferido de los propagandistas de AMLO –entre ellos Ackerman y Epigmenio Ibarra–, en mi contra fue el de “sicario”, el mismo calificativo utilizado por Irma Eréndira Sandoval y Ackerman contra Carlos Loret, luego de que el periodista reveló los intríngulis de “la casa del pecado” de la familia Sandoval-Ackermán.

Aquí lo dijimos el 9 de mayo de 2018 y lo volvemos a decir hoy, a propósito del linchamiento contra Chumel Torres y contra Carlos Loret. “En el fondo, los que lincharon a Ricardo Alemán le avisan a todos los mexicanos lo que será el trato con los críticos, en un gobierno de Morena; el que se atreva a disentir será linchado.

“Y hoy pueden presionar para que Ricardo Alemán sea despedido de todos los medios posibles, pero, en el fondo, no van contra Ricardo Alemán, van contra libertades fundamentales de todos los ciudadanos; van contra la libertad de expresión.

“Y no callan a Ricardo Alemán –al que no callarán–; cancelan derechos y libertades de la democracia mexicana toda. Y si hoy nos difamaron y calumniaron, si fueron capaces de un montaje monstruoso como el que hizo recular a Televisa y puso en peligro la marcha de Milenio –por las presiones de dentro y fuera–, mañana será cualquier otro crítico de Morena y pasado mañana será tal o cual medio, empresa o institución mediática”.

No se equivoquen, el problema no es Chumel, tampoco Loret y menos son Brozo o Alemán. No, el problema se llama censura y es producto de la intolerancia de López Obrador y de su dictadura bananera. Y sí, se los dije.

Al tiempo.