¿ME SIENTO TRISTE O SOLO TENGO HAMBRE? EL PROBLEMA DE LA OBESIDAD

La obesidad es uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la obesidad y el sobrepeso han alcanzado características de epidemia a nivel mundial.

Los especialistas definen a la obesidad como la acumulación excesiva de grasa corporal, especialmente en el tejido adiposo, y que produce un aumento del peso corporal de un 20 por ciento más del peso ideal según la edad, la talla, y sexo de la persona en cuestión.

La obesidad es una enfermedad crónica y compleja, que suele iniciarse en la infancia y la adolescencia. Por lo general, tanto las causas como el tratamiento se enfocan en la calidad de la dieta y en el ejercicio físico.

Sin embargo, es poco frecuente que los especialistas tomen en cuenta los aspectos psicológicos que juegan un papel decisivo en la producción y prevalencia de la obesidad.

Una primera alteración psicológica que se origina en la primera infancia esta en relación con la calidad del vínculo que se da entre la mamá y el bebé a partir del nacimiento; en donde se pone en juego la habilidad de la madre para poder descifrar el llanto, los gestos y las emociones del niño.

Si ante las diferentes manifestaciones de llanto del bebé, ya sea por hambre, frío, sueño, o porque se siente solo, siente miedo o cualquier contenido emocional, la madre no logra descifrar el mensaje y sólo responde suministrando alimento, esto le impedirá posteriormente al niño distinguir el hambre de las diferentes emociones y ante cualquier perturbación emocional, recurrirá a la comida para tranquilizarse.

Debido a tal confusión, el niño y posteriormente el adolescente, enfrentará y buscará mitigar las emociones que experimentará a lo largo de su vida — por el destete, la entrada a la escuela, el cambio de casa, la relación con los amigos—-; mediante la ingesta de comida.

El tipo de comida al que suelen recurrir las personas con obesidad para calmar las emociones displacenteras —desagradables—-, son aquellas que tienen un alto contenido de azúcares, por ser las que le producen la sensación de placer.

El sujeto que padece obesidad pareciera que se encuentra fijado a esta etapa del desarrollo, —-oral—-, en donde cualquier manifestación de displacer era satisfecha mediante la ingesta de alimento y de manera inconsciente, busca volver a sentir ese placer que experimentaba cuando de bebé era alimentado mediante el pecho materno.

En la actualidad y debido a las restricciones que nos ha impuesto la pandemia —trabajar, estudiar, divertirse, socializar desde casa—-, los problemas de obesidad se han acentuando en la población en general.

Lo anterior no sólo por la falta de movilidad sino además, por las emociones que se han hecho presentes como la incertidumbre, el aburrimiento, el miedo a contagiarse, a enfermar, la ansiedad, el duelo por las pérdidas entre otras; por lo que en muchos casos, la comida se ha convertido en un recurso para sentirse mejor.

Por lo anteriormente expuesto, es importante prestar atención al papel que juega la ingesta de alimentos en cuanto a cantidad, calidad y los momentos en que se recurre a la comida para que no se convierta en uno más de los problemas de salud que podamos heredar de la pandemia.

Prestar atención y preguntarse: tengo hambre o sólo es que me siento mal emocionalmente hablando.