LA CRIMINALIZACIÓN DEL ABORTO Y LA SALUD MENTAL DE LA MUJER

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Rosa es la segunda de cuatro hijos, tiene 14 años de edad. Durante casi un año fue violada por su padre quien, además, la tuvo amenazada con hacerle daño a su mamá si decía algo. Al tratarse de un hombre violento, Rosa prefirió no denunciar lo que había sucedido. 

Empezaba el tercer año de secundaria, pero no tenía ganas de ir a la escuela, ni de salir a la calle. Su madre, al darse cuenta de los cambios en la conducta de Rosa, le preguntó si sucedía algo y le pidió a su madrina que la llevara al médico. En la clínica, la doctora le realizó un ultrasonido, en donde se reveló que cursaba un embarazo de aproximadamente 16 semanas.

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Rosa quería interrumpir su embarazo, pero superaba los límites establecidos por la norma. El límite de tiempo impuesto en el Código de Procedimientos Penales hizo inaccesible la interrupción de su embarazo y violó, entre otros, su derecho a la salud y a una vida libre de violencia.

Finalmente, Rosa se trasladó a la CDMX con el acompañamiento de GIRE (Grupo de Información y Reproducción Elegida AC). Ahí se determinó que el embarazo implicaba un alto riesgo para su salud y pudo interrumpirlo. (Caso tomado de GIRE).

Los escasos estudios realizados muestran que toda interrupción provocada del embarazo actúa como un shock psicológico en la mujer cuya gravedad va a depender del grado de integración personal, dando paso a diferentes trastornos tales como: depresión, reacciones fóbicas —pánico a estar encerrada o hacia determinados objetos—-, alteraciones en la conducta sexual como la frigidez, disminución o desaparición del deseo sexual, o la inclinación hacia el uso de algunos fármacos como los tranquilizantes. 

Con la pareja aparece un aumento de los conflictos interpersonales que pueden llegar a desembocar en la disolución real o simbólica de la pareja, en donde pueden permanecer juntos pero se presenta la indiferencia, el abandono afectivo, la infidelidad, etcétera.

Si no existe una pareja, la mujer puede desarrollar un odio generalizado hacia los hombres provocado por aquel que no se quedó a compartir la responsabilidad de un embarazo y cuyo odio no le permitirá realizar una relación de pareja satisfactoria.

La culpa es otra de las emociones que puede desarrollar la mujer que se realiza un aborto, culpa por haber quedado embarazada, por rechazar el embarazo, por los hijos que ya tenía, por haber cedido ante un hombre irresponsable. 

Esta culpa invadirá su vida y no le permitirá seguir desarrollándose, por lo que sería indispensable  acudir con un especialista que le ayude a superar el hecho de haber interrumpido un embarazo no deseado.

En el caso descrito líneas arriba, Rosa tuvo la oportunidad de acudir a terapia psicológica y gracias a eso ha podido vencer su miedo a salir de casa, a pesar de que su agresor sigue en libertad, y gracias al apoyo de la secundaria técnica a la que asiste pudo retomar sus estudios y terminar la secundaria.

La gran paradoja es que se ha observado que lo que más afecta a las mujeres a nivel emocional es el estigma y el miedo a ser criminalizadas al decidir practicarse un aborto y no el procedimiento en sí mismo.

La despenalización del aborto hasta las 12 semanas de gestación lograda en el estado de Oaxaca es un paso más para que se reconozcan y se hagan valer los derechos de la mujer, entre ellos el derecho a la salud mental y reproductiva. Felicidades Oaxaca.