ERA TRANQUILO, NO SE METÍA EN PROBLEMAS…..Y HOY FUE EL DÍA PARA MATAR A SU MAESTRA

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José Ángel tenía 11 años, cursaba el sexto grado de primaria, su madre había muerto y su padre siempre estuvo ausente por lo que vivía con sus abuelos. En la escuela era muy tranquilo, sacaba buenas calificaciones y no se metía en problemas. El día de hoy pidió permiso para ir al baño y ante su tardanza, la maestra va a buscarlo y la recibe a balazos, posteriormente le dispara a otro maestro y a varios de sus compañeros de grupo para finalizar quitándose la vida. 

Nuevamente se da este tipo de acontecimiento en donde un niño protagoniza una masacre mostrando la violencia y el odio que un menor puede ser capaz de albergar. Y nuevamente surgen muchas preguntas para tratar de entender lo que llevó a José a matar y a quitarse la vida.

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Una pregunta que resulta esencial es: ¿cómo se engendra tanta violencia en la mente y en el corazón de un niño?

El amor y el odio son los dos sentimientos con que nace el sujeto y es a partir de los cuales se elaboran y enfrentan todas las relaciones humanas.

Tanto el amor como el odio implican agresión y por su lado, la agresión puede ser un síntoma no sólo de violencia sino de miedo, frustración y desesperanza.

La agresión suele estar oculta, disfrazada, desviada, por lo general se le atribuye a factores externos y cuando aparece siempre resulta difícil de rastrear sus orígenes.

Sin embargo, cuando las fuerzas crueles o destructivas amenazan con predominar sobre las amorosas, el sujeto debe hacer algo para salvarse, y es entonces que el niño o el adulto vuelcan hacia afuera la agresión que se hospeda en su interior.

En el caso de los infantes, actúan el papel destructivo con la finalidad de que alguna autoridad externa  —padres o maestros —-, ejerza el control de su mundo interno; agresión y destrucción.

Mediante el juego, el niño puede manifestar y desahogar la agresión que puede estár sintiendo en su interior, como golpear una pelota, los juegos de guerra, las luchas, construir una torre para después destruirla, etcétera. 

Igualmente el adolescente puede estar manifestando la agresión interna mediante actividades lúdicas o recreativas como las bromas pesadas a sus compañeros, el gusto por películas de agresión excesiva, retos que impliquen agresión a sí mismos y hacia los demás.

De ahí la importancia de que en primer lugar los padres puedan conocer a sus hijos y observen su comportamiento para que, en su momento, puedan contener y regular la agresión que puede estár manifestando el menor.

Igualmente, las escuelas son otro medio ambiente en donde a los maestros les toca la nada fácil tarea de observar el comportamiento de sus alumnos y actuar cuando sea necesario para controlar la agresión.

José Ángel necesariamente, en diversos momentos, tuvo que haber dado muestras de ese mundo interno de agresión que estaba por explotar, pero que no fue percibido ni en su vida familiar ni en su medio ambiente escolar.

Es muy común que en la comunidad escolar el niño que presenta una “buena conducta” y que tiene calificaciones aceptables, no atraiga la atención de los maestros, pero el día de hoy José Angel, el niño tranquilo decidió matar a su maestra para después de disparar a varios de sus compañeros, quitarse la vida.