En las peores manos, en el peor momento

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Un año les bastó para destruir la economía de México y la confianza de los inversionistas, y ahora que comienza una crisis mundial inesperada nos encuentra débiles, con una economía bajo cero desde el año pasado, con los motores apagados y un gobierno ideologizado e incompetente.

Nos íbamos a estrellar con ésta o cualquier otra turbulencia exterior porque estábamos mal parados. No había escapatoria.

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El optimismo era infundado y las concesiones del sector privado a los populistas fueron infructuosas, como nos ha enseñado la historia. Lo sabíamos todos, pocos lo dijeron.

Ante el negro panorama de la economía, al populismo se le ocurrió hacer una ‘consulta popular’ el fin de semana para frenar en Baja California la construcción de la planta Constellation Brands, de una inversión de mil 400 millones de dólares y que ya había ejercido 900 millones, porque tenía los permisos e inspecciones hechas por el gobierno mexicano.

Para abajo los empleos y la actividad económica que iba a generar la cervecera que produce Corona con insumos nacionales. Al diablo con ellos.

Exactamente lo mismo hicieron con la consulta que eliminó la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, que consistía en una inversión de 13 mil millones de dólares, ya fondeado, y con ello cancelaron la apertura de decenas de miles de empleos directos e indirectos.

Mataron la confianza y la inversión. Y para que no se nos olvide quiénes son y de qué son capaces, nos recetaron este fin de semana la ‘consulta popular’ en Mexicali.

Las consecuencias de su irresponsabilidad las veremos traducidas –ahora que se junta con pandemia– en desempleo, quiebras de empresas, mayor inseguridad y posibles revueltas sociales en algunos puntos de la república.

El presidente del Consejo Coordinador Empresarial estimó que si la economía cae -4 por ciento, como prevén algunos analistas, se van a perder 800 mil empleos formales. A ello hay que sumar un millón 200 mil personas en edad de trabajar que buscarán entrar al mercado laboral y no habrá lugar.

¿Hasta qué cifra de desempleados va a aguantar el país sin convulsiones sociales?

El golpe será también –esperemos que sólo por unos meses– para las personas que viven de la calle. Son millones de personas en la economía informal que necesitan llevar sustento a su casa.

¿Qué va a hacer el gobierno con la población de adictos que viven de lo que les da la calle?

De algún lado tendrán que sacar los cien pesos que necesitan todos los días para sobrevivir y obtener el alcohol o la droga que mitigan su ansiedad.

Los restaurantes que van a dejar de operar se van a contar por miles. Grandes, medianos y pequeños, con cien o con dos empleados.

Y con ellos caerán los que les surten, y los que producen para quienes distribuyen.

¿De dónde van a sacar para alimentar a sus familias?

La gente va a buscar dinero por las buenas o por las malas.

Y el gobierno tuvo la insensibilidad de informar, la semana pasada, que no se difería la declaración anual de impuestos. ¿Qué van a hacer las empresas? O le pagan a los empleados o le pagan al fisco.

El gobierno tiene la obligación de apoyar a empresas y a personas en esta crisis.

Para eso eran los 300 mil millones de pesos que esta administración recibió de la anterior, en el Fondo de Estabilización Presupuestaria. Para usarlo en emergencias, como la actual.

¿Ya se gastaron la mitad el año pasado? Sí, y se la chutaron en gasto corriente porque tiraron la economía y por tanto la recaudación no les alcanzó.

Más lo que despilfarraron en pagar para que no se construyera el aeropuerto… y lo que hay que pagar todavía (cuatro mil 200 millones de dólares a extranjeros tenedores de bonos a largo plazo).

Y en inyectarle dinero a Pemex a fin de impedir que entren los privados a explorar, perforar y extraer petróleo, del que pagarían al gobierno hasta 80 centavos por cada dólar de crudo, de acuerdo con lo establecido por la reforma energética que congelaron.

Vienen tiempos de crisis y ésta nos encuentra en el peor momento y en las peores manos.