EL VALOR DE LA VIDA FRENTE AL COVID-19

El pasado 30 de marzo, fue declarada la emergencia sanitaria por la enfermedad que provoca el Covid-19. Esta emergencia obligó a los sectores público y privado a suspender de manera inmediata todas las actividades no esenciales y a la población en general la exhortó entonces, a cumplir con el resguardo domiciliario corresponsable.

Dicho resguardo tenía como objetivo evitar que se propagara el contagio de un virus para el que no se conocía medicamento que lo pudiera combatir y mucho menos una vacuna para prevenir la enfermedad.

Pero que al unísono, el confinamiento también nos enfrentó a perder la dinámica del día a día provocando afectaciones en diferentes áreas de la vida de cada quien, tales como: la dinámica de trabajo, la vida social, la dinámica familiar, la libertad individual, la forma de divertirse, los momentos de ocio, etcétera.

En general la vida individual y familiar se vio alterada, generando diversas emociones como ansiedad, frustración, desesperación entre otras.

Hoy a casi 10 meses de que se decretó la emergencia sanitaria, y que se han experimentado pérdidas como las del empleo, el ingreso familiares y hasta de seres queridos; nos enfrentamos a la disyuntiva de ponernos a buen resguardo quedándonos en casa y renunciando a los festejos decembrinos o hacemos caso omiso del aumento de contagios y salimos a celebrar.

Dicha disyuntiva impone la pregunta: ¿ cómo se valora la vida individual y la de los seres queridos?, ¿qué tan dispuestos estamos a arriesgarnos a vivir lo que podría llegar a ser la última Navidad?

Si nos abrazamos a la pulsión de muerte, derivado de las frustraciones que la pandemia nos ha provocado; nos veremos arrastrados por formas de agresión hacia uno mismo y hacia los otros, participando en reuniones que pudieran ser riesgosas, relajando las medidas preventivas como el uso de cubrebocas e incluso negando la realidad de la actividad de la pandemia en donde las actitudes omnipotentes se hacen presentes.

Por el contrario, si nos abrazamos a la pulsión de vida; seremos conscientes de nuestras potencialidades y limitaciones, buscaremos transformar las experiencia dolorosas que nos está dejando la pandemia en un aprendizaje útil.

Igualmente nos mostraremos flexibles ante los cambios, creando nuevas formas de poder festejar la navidad sin arriesgarse a contraer el virus y buscaremos poder ver con buen humor la adversidad por la que atravesamos.

Preguntarnos cuánto vale la propia vida y la de los seres queridos, la respuesta nos llevará a construir nuevas formas divertidas y seguras para festejar y disfrutar las vacaciones en este tiempo atravesado por la pandemia.

¡Felices vacaciones!