EL CONFINAMIENTO Y LOS TRASTORNOS EN LA ALIMENTACIÓN

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El confinamiento al que hemos estado sometido desde hace ya varios meses, nos ha enfrentado a frustraciones, a conflictos familiares, restricciones, pérdidas y una gran incertidumbre de no saber qué pasará con nuestras vidas y cuándo terminará esta pandemia. Todo esto también ha provocado diferentes niveles de ansiedad en los seres humanos.

En el encierro un recurso al que las personas se han acogido para poder dar salida ha dicha ansiedad es al placer oral mediante la comida y la bebida.

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Depositar la ansiedad en la comida provoca que se generen trastornos de alimentación como el más simple que es comer en demasía colocándose en circunstancias que pueden alterar la salud y provocar obesidad, hasta llegar a potenciar trastornos que se encontraban latentes y que ahora se hacen presentes como la anorexia y la bulimia.

Los trastornos más comunes de alimentación son la anorexia, que se caracteriza por una gran reducción de la ingesta de alimentos indicada para el individuo en relación con su edad, estatura y necesidades vitales. Esta disminución responde a una resistencia a comer, motivada por la preocupación excesiva por no subir de peso o por reducirlo.

Los trastornos alimenticios se inician o presentan principalmente en adolescentes y púberes —-entre los 12 y los 25 años de edad—-; teniendo una mayor incidencia en mujeres.

La aparición del trastorno en la pubertad y en la adolescencia se explica por el rechazo que la chica presenta a los cambios experimentados en su cuerpo distintivos de la etapa del desarrollo por la que atraviesa; caracterizados estos por el ensanchamiento de las caderas y el crecimiento de los pechos.

Las causas de la anorexia son debidas a diferentes factores y entre ellos se encuentran los sociales —la moda y el rechazo social por no ser delgada—, los culturales -–la delgadez como sinónimo de belleza—, y los psicológicos; entendidos como las emociones intolerables depositadas en el cuerpo, como puede ser el encierro que padecen muchos adolescentes debido a la pandemia.

El otro trastorno mas común es la bulimia que se caracteriza por la presencia de un apetito desmedido, que involucra voracidad y glotonería. La ingesta descontrolada de comida es seguida de comportamientos expulsivos que alivian la angustia, la desesperación y la culpa creadas por el fuerte impulso de comer.

En la anorexia el sujeto busca tener el control, proyecta en la alimentación aquellas situaciones que no puede controlar —los cambios en el cuerpo debido a la adolescencia, la relación con una madre sobres-protectora y asfixiante—-, y entonces busca controlar que la ingesta de alimento sea de mínima cantidad.

En la bulimia se presenta la perdida de control que se manifiesta en los atracones seguido de un sentimiento de culpa que busca expulsar de manera inmediata el alimento ingerido.

Debido al confinamiento quizás la alteración en la ingesta de alimento que con mayor frecuencia se presenta es aquella que busca deshacerse de la ansiedad que genera el encierro en la satisfacción oral.

Esto lleva a la persona a comer de manera desmedida sin caer en la compulsión y buscar preferentemente alimentos dulces que producen obesidad y que junto con la inactividad física, puede llegar a producir alteraciones severas en la salud.

Los trastornos como la anorexia y la bulimia pueden estar presentes en la persona y llegar a potenciarse debido al confinamiento, lo que puede generar mayores conflictos al no poder alejarse de una madre controladora o no poder ocultarse para tener atracones y después poder expulsarlos.

Es importante estar atentos para poder identificar la relación que se tiene con la comida, y ser capaces de generar alternativas que permitan, de alguna manera, mitigar la ansiedad y tolerar la incertidumbre que el día de hoy nos invade y si fuera necesario, buscar el apoyo del especialista —psicólogo o psicoalanista—-, que ayude a la persona a superar la angustia.