Primero los hechos.
Como muchos lo escucharon, la noche del 15 de septiembre, en la arenga independentista desde Palacio, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, intentó marcar distancia frente a las amenazas externas.
Dijo, palabras más, palabras menos: “¡Viva la dignidad del pueblo de México! ¡Viva la libertad! ¡Viva la igualdad! ¡Viva la justicia! ¡Viva la democracia! ¡Viva México libre, independiente y soberano!”, ante una multitud de acarreados, a los que les pagaron 500 pesos por su asistencia.
Horas después y al arranque del desfile militar del 16 de septiembre, la presidenta de México volvió al fantasioso discurso de que México no es colonia de nadie.
Así lo dijo: “El 16 de septiembre, día de la Independencia, es la memoria viva de México. Significa siempre mantener la frente en alto y gritar a los cuatro vientos que México no será nunca colonia ni protectorado de nadie. México no se doblega, no se arrodilla y México nunca se vende”.
Sin duda dos discursos con una poderosa carga “engaña-bobos”.
Y es que de nueva cuenta obliga preguntar por qué abundan los idiotas que se creen las fantasiosas arengas presidenciales.
Y por eso, una por una las frases de palacio: ¿A cuál dignidad, a cuál libertad, igualdad, soberanía se refiere la presidenta, cuando vivimos en un Estado fallido, en manos del crimen organizado?
¿De cuál democracia, de cual justicia, de cual independencia y soberanía habló la presidenta Sheinbaum la noche del 15 de septiembre?
Pero hay mucho más.
¿A quién le hablaba la presidenta, cuando el 16 de septiembre arengó a favor de que México “no será nunca colonia, ni protectorado de nadie?
Quien se cree en cuento cuando la presidenta gritó en cadena nacional de radio y televisión, que México “no se doblega, no se arrodilla y México nunca se vende”.
Y las preguntas son obligadas, porque salvo los idiotas fanáticos de Morena y los lacayos a los que someten a golpes de corrupción, se creen que México es una democracia, un país libre, independiente, soberano y que no se doblega y tampoco se arrodilla ante las amenazas externas.
Y aquí es donde “la puerca retuerce el rabo”.
Y es que le guste o no a la “señora presidenta”, México no es una democracia, sino una grosera dictadura; una dictadura en manos de las bandas criminales que tienen a todo el país secuestrado.
Además de que en México no existe libertad de expresión, sino que se impuso una grosera censura de Estado que nos llevó una autocracia.
Una dictadura en donde los periodistas críticos no sólo son perseguidos, amenazados, asesinados y llevados presos, sino que las empresas mediáticas están bajo amenaza permanente.
Es decir, o se alinean a los dictados de Palacio o se les persigue con los pretextos más groseros.
Y es que en México no existe justicia, porque Morena impuso un Estado represor que lleva presos a los políticos críticos –como Rosario Robles y Ernesto Ruffo–, además de que están bajo amenaza no solo opositores, sino los empresarios críticos.
En México la democracia es un cadáver insepulto, ya que López Obrador y Claudia Sheinbaum acabaron con la división de poderes, con la independencia de los Poderes Legislativo y Judicial, además de que fueron secuestrados todos los órganos autónomos del Estado.
Las elecciones en México ya no son confiables, transparentes y creíbles, porque los gobiernos federales de Morena secuestraron al INE, al Tribunal Electoral Federal y porque el crimen organizado es el mayor generador de votos de la historia.
Y México no es ni independiente, ni soberano y sí está doblegado frente al crimen organizado, que controla más de la mitad de las entidades federativas del país.
Y es que lo reconozcan o no los gobiernos de Morena, en México el verdadero mandamás, el mandón se llama crimen organizado, esa mafia que hoy controla desde el gobierno federal, pasando por numerosos gobiernos estatales, municipales y no pocos congresos locales.
Y por eso volvemos a las preguntas de rigor.
¿A quién pretende engañar la presidenta, cuando habla de democracia, de libertad, de independencia, de justicia y de soberanía?
Lo cierto es que en Palacio ya no engaña ni a los idiotas de Morena.
Al tiempo.


