La expresión fue acuñada hace casi medio siglo por el entonces presidente saliente, José López Portillo.
Sí, voz popular conocida, coloquialmente, como “El Beso del Diablo”.
Expresión que hace referencia a quienes tramposamente meten mano en la sucesión presidencial adelantada.
Y es que hoy, cuando el gobierno norteamericano se mostró elogioso con el mexicano Omar García Harfuch –secretario de Seguridad Pública federal–, muchos vieron el regreso de “El Beso del “Diablo”; elogio que, por supuesto, fue repudiado por la presidenta de México.
Pero vamos por partes.
Como seguramente recuerdan, el elogio al “policía mexicano” se produjo en la reciente Conferencia Internacional para el Control de Drogas 2026, celebrada en Buenos Aires, la capital de Argentina. En el evento, el director de la Administración para el Control de Drogas (DEA), Terry Cole, dijo que el funcionario mexicano era “un socio de confianza y un buen amigo de Estados Unidos”.
Elogiosa declaración que se produjo en momentos en que México y Estados Unidos mantienen una tensa relación a causa de la impunidad otorgada por el gobierno mexicano a los cárteles criminales.
Por eso, luego del reconocimiento a García Harfuch, en México menudearon las opiniones en torno al hipotético y prematuro destape del policía mexicano, como potencial candidato presidencial para el 2030.
Y el escándalo que Palacio debió montar la respuesta de Claudia Sheinbaum, quien en su mañanera del miércoles 2 de septiembre dijo, palabras más, palabras menos, que se trató de una estrategia del gobierno de Estados Unidos, para provocar división en el gobierno de México.
Así lo dijo: “El gobierno de Estados Unidos busca, de una u otra forma, debilitar a los gobiernos, éste es uno de sus objetivos, y particularmente gobiernos independientes que defendemos la soberanía… Trump pretende provocar enfrentamientos entre funcionarios mediante mensajes diferenciados, en los que algunas figuras son reconocidas públicamente mientras otras reciben cuestionamientos o señalamientos.
“Es una de sus estrategias, no de ahora, de siempre: generar divisiones al interior del gabinete de seguridad, generar divisiones al interior del gabinete federal pero se topan con pared, porque el gabinete de seguridad del Gobierno de México tiene una coordinación y una unidad enorme”. (FIN DE LA CITA)
Sí, lo cierto es que, como ya se dijo arriba, asistimos a un nuevo ejemplo del llamado “Beso del Diablo”, que en la historia de México ha alcanzado a más de un aspirante presidencial.
Y es que la historia de “El Beso del Diablo” se repite en México, 46 años después de que la acuñó el populista López Portillo.
Sí, resulta que, a mediados de 1980, López Portillo le ordenó al líder del PRI, Gustavo Carbajal Moreno, iniciar las consultas en los distintos sectores del “partidazo” para procesar de manera ordenada la controvertida sucesión.
Sin embargo, Carbajal se percató de que muchos priístas acudían a San Jerónimo –la casa del expresidente Echeverría–, para recibir consejo, apoyo o línea de cómo encarar la sucesión presidencial, prevista para 1982.
Preocupado, Carbajal le informó a López Portillo lo que estaba pasando, quien de un manotazo en la mesa atajó la injerencia sucesoria de su antecesor.
“¡Gustavito, entienda que quienes acuden a San Jerónimo, salen con “El Beso del Diablo!””, dijo en ese tono grandilocuente que le caracterizaba.
Horas después, frente a los reporteros, Carbajal Moreno soltó de manera pública la frase para tratar de contener los afanes reeleccionistas de Echeverría quien, por todos los medios, había intentado influir en la sucesión de 1982.
Desde entonces todos entendieron el significado del mensaje de López Portillo; entendieron que aquellos quienes buscan apoyo, consejo o línea, fuera del poder institucional en realidad son tocados por “El Beso del Diablo”.
“¡Aquí mando yo!”, es el mensaje de la señora presidenta.
Pero el verdadero origen de “El Beso del Diablo” es una herencia de la santería prehispánica, conocida como “el beso infame”. Según esas prácticas, el Diablo seducía y sometía a las brujas mediante el beso.
Como sea, 44 años después de que López Portillo acuñó la mítica expresión alusiva a “El Beso del Diablo”, la populista presidenta mexicana volvió al manotazo en la mesa: “¡Aquí mando yo!”, dijo, cuando apenas empieza su tercer año de gestión.
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