Sólo era cuestión de tiempo.
Y terco, como ya es costumbre, el tiempo me volvió a dar la razón.
Sí, porque desde 2018 aquí dije que uno de los mayores peligros de los gobiernos de Morena sería precisamente la intolerancia a la crítica.
Y la mejor prueba de esa intolerancia fue la persecución de los sicarios “morenistas” en mi contra; acoso que en 2018 me sacó de todos los medios en los que cuestionaba a los farsantes y criminales del partido oficial.
Desde entonces, aquí dije que, con Morena en el poder, sus gobiernos harían hasta lo imposible por imponer la dictatorial “censura previa”, tanto en medios electrónicos, como digitales y hasta en los medios impresos.
¿Y qué creen?
Sí, resulta que hoy, por instrucción de Palacio y con el aval de Palenque, inició la supuesta “consulta ciudadana” para avalar la grosera legislación que “regulará” las audiencias.
Una supuesta “regulación de audiencias” que, en los hechos, será el instrumento para la censura oficial a todos los medios; sean articulistas y periodistas que se atrevan a cuestionar la dictadura “morenista”.
Sin embargo y, por pura casualidad, la citada Ley para la regulación de audiencias, no es más que una farsa para justificar el regreso a los tiempos de la más perniciosa censura oficial.
Sí, se trata de una consulta simulada porque la citada Ley no será otra cosa que “el garrote” oficial para justificar la censura en México; sean la radio y la televisión; sean las plataformas digitales y, sobre todo, los articulistas de los medios escritos.
Sí, una legislación que justificará, por ejemplo, quitarle las concesiones de radio y televisión a críticos de la dictadura, como Ricardo Salinas Pliego; que impondrá multas millonarias y hasta prisión a quienes ejercemos el género periodístico de opinión.
En pocas palabras, el gobierno de Sheinbaum convertirá a la crítica en el mayor delito conocido en México. Sí, criticar será peor que ser un criminal y peor que un “narco”
Sí, criticar la estulticia, la ratería y el saqueo de los “morenistas” será el mayor delito en México; un delito peor que los criminales de los cárteles que regentean al partido oficial.
Y por eso obliga preguntar.
¿Qué es “la regulación de audiencias”?
Poca cosa, se trata de la coartada perfecta para imponer la censura generalizada en México.
Una censura idéntica a la impuesta en dictaduras como la venezolana, la cubana, la nicaragüense y, en el extremo, como la censura que imponen mafias como “la rusa”.
¿Pero qué creen?
Que el timorato gobierno mexicano y la señora “científica” en realidad regresan a las prácticas dictatoriales de siglos.
Y es que hace poco más de 500 años –el 8 de julio de 1502–, los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, promulgaron La Pragmática, un ordenamiento legal que, con el tiempo, se convirtió en la primera Ley de Censura Previa.
El reglamento establecía que en esa monarquía nadie tenía permiso de publicar o difundir escrito alguno, sin autorización previa del Estado y la Iglesia; poderes que crearon una estructura oficial para la clasificación y lectura de todo lo que se pretendía publicar.
Pero vamos por partes. Lo primero que debemos entender es el significado de “noticia” y “opinión” y sus diferencias abismales.
Para empezar, la “noticia” y la “opinión” –igual que la entrevista, el reportaje, la crónica y el ensayo–, forman parte de los géneros periodísticos, que no son más que la clasificación de las diferentes formas de abordar y presentar al ciudadano los hechos de interés colectivo.
Así, por ejemplo, una “noticia” es un acontecimiento de interés general que, en su versión más simple, se debe difundir con la mayor objetividad posible. Sí, la mayor objetividad, lo que significa lo más apegado a los hechos.
A su vez, por definición, una “opinión” es una expresión ciudadana íntima, única y, por tanto, totalmente subjetiva; lo que significa que la “opinión” puede no estar apegada a los hechos.
Por eso, la “opinión” y su expresión social por excelencia, conocida como “crítica”, es uno de los pilares fundamentales en democracia.
Y es que, como saben, los seres humanos llegamos al mundo dotados de la facultad de pensar y con las habilidades de externar al mundo nuestro pensamiento, mediante todas las formas de expresión.
A su vez el pensamiento, en tanto derecho natural, no puede ser coartado, regulado o censurado por autoridad alguna. Es un derecho natural, propio y exclusivo de los seres humanos.
Por eso, todos tenemos el derecho, la facultad y la libertad de pensar lo que nos plazca; incluso lo más disparatado.
En cambio, la facultad de expresar al mundo los pensamientos, es lo que teóricamente conocemos como “libertad de expresión”. Y en México la libertad de expresión está regulada por la Constitución y sus límites son el daño a terceros, la alteración de la paz pública, la difamación y la calumnia.
Además, la propia Constitución garantiza que nadie puede ser molestado por autoridad alguna a causa de lo que piensa, escribe u opina y, por si fuera poco, el Estado mexicano y la Carta Magna garantizan que en México no existe “censura previa”.
Y es que la “libertad de expresión” no solo es “la reina de las libertades” sino el motor de la evolución humana, del desarrollo social, de la ciencia, las revoluciones y, sobre todo, el termómetro de la salud democrática.
Y para el ejercicio libre de las ideas, los ciudadanos disponemos de la palabra –hablada o escrita–, además de imágenes, la pintura y la música. Y para comunicarnos con el mundo, además de la palabra y las bellas artes, acudimos a medios tradicionales como la prensa, radio, televisión o las modernas tecnologías digitales; las llamadas redes.
Pero en todos los casos el pensamiento, la libre manifestación de ideas, la opinión y la crítica son pilares de toda democracia; puntales que gobiernos retrógrados como los de Morena pretenden destruir, sin importar que de manera flagrante violentan la Constitución.
Más aún, en toda democracia que se respete, la opinión es “el traje de gala” que viste a la crítica y que, al mismo tiempo, explica por qué la libertad de expresión es considerada “la joya de la corona” de toda democracia.
Y es que la censura no sólo se produce cuando desde lo más alto del poder y/o desde un medio se oculta la realidad o se calla la verdad; existe censura cuando se calla una opinión, cuando se despide a un periodista, cuando se cierra un medio o cuando se compra una empresa mediática para que no critique al poder en turno.
Pero igualmente se configura una potente censura cuando un jefe de Estado miente a diario, engaña, niega o esconde la realidad y cuando de forma grosera maquilla los desaciertos y fracasos de su gobierno.
Por eso debemos denunciar con toda claridad que, todas las mañanas, la “señora presidenta” somete a la sociedad entera a la más vulgar censura oficial; censura que reproducen todos los medios al no advertir que los mensajes de Palacio son mentirosos y que alteran la realidad y la verdad.
En efecto, los “otros datos” no sólo son la verdad oficial, sino una eficiente censura impuesta desde la casa presidencial.
Al tiempo.


