Sin duda que es una buena noticia que el gobierno federal se preocupe por “la información” que reciben los ciudadanos.
No cabe duda de que el Estado mexicano debe desplegar las antenas para impedir que, mediante la información tramposa, las mafias interesadas pretendan imponer una realidad alejada del interés nacional.
Sin embargo, también es cierto que ningún ciudadano está a salvo de los abusos del poder en materia de información.
Y es que la misma pulsión mentirosa que amenaza a los ciudadanos desde las mafias populistas, sale de gobiernos como el mexicano que hacen todo por mantener el control de lo que piensa, supone o lo que decide una sociedad como la mexicana.
En pocas palabras, resulta que los gobiernos populistas son tanto o más mentirosos y tanto o más peligrosos que las peores dictaduras del mundo.
Y por eso aquí debemos formular la pregunta obligada.
¿En cuántas ocasiones los lectores de este espacio –mujeres o varones–, han decidido cambiar sus preferencias informativas, por tal o cual diario, por tal o cual articulista, por tal o cual columnista, por tal o cual presentador de noticias –en radio o televisión–, y por tal o cual plataforma digital?
Y luego de lo anterior, debemos volver a cuestionar: ¿Y por qué eran obligadas las preguntas anteriores? Lo cierto es que por una razón elemental.
Porque una buena cantidad de ciudadanos mexicanos no sólo tienen, sino que poseen la capacidad de decidir qué deben leer todos los días, qué noticiero de radio deben escuchar, cuál es su informativo preferido de televisión y quién o quiénes de los críticos en redes, son confiable o son paleros oficialistas.
Es decir, que buena parte de la sociedad mexicana no necesita que desde Palacio y menos desde Palenque les digan qué es lo que debe leer, qué debe escuchar, a qué articulistas o columnistas debe consultar y menos qué noticiero de radio, de televisión o en redes, debe preferir.
Y el tema viene a cuento por la grosera legislación oficial que pretende regular los derechos de las audiencias en radio, televisión, plataformas digitales y, por supuesto, en los medios del Estado.
En todo caso, lo cuestionable del asunto no es la preocupación estatal por la información que reciben los ciudadanos.
No, la verdadera perversión es que el Estado mexicano actual, en manos del “narco-partido” Morena, en los hechos se ha convertido en una máquina de mentir, engañar, faltar a la verdad y de inventar una realidad alterna.
Y si tienen dudas, sólo basta recordar uno de los más recurrentes mensajes del grupo en el poder; eso que llamaron “¡los otros datos!”.
¿Qué significan “¡los otros datos!”?
Sí, se trata de imponer la llamada “verdad oficial”.
Es decir, que cuando López Obrador, cuando la presidenta Claudia o cuando alguno de los sicarios del Estado pretende engañar a la sociedad, recurre el eslogan de “los otros datos”.
Sí, “otros datos” no son más que la verdad oficial; la confirmación de que el “narco-partido” Morena supone creen o imaginan que toda la sociedad mexicana es una sociedad de idiotas; sociedad incapaz de entender que los mentirosos y farsantes gobiernos “morenistas” son la peor amenaza para los ciudadanos.
Y para cambiar esa farsa, lo cierto es que la pregunta también debe cambiar de dirección. En efecto, la pregunta debe ser dirigida al gobierno de la presidenta mexicana.
¿Quién, presidenta Sheinbaum, castigará las mentiras que a diario difunden usted y todos en su gobierno?
¿Cuándo acabarán las mentiras de Estado?
¿Cuándo terminará la farsa llamada “los otros datos”?
¿Cuándo dejarán de mentir en su gobierno y en su partido Morena?
¿Cuándo terminará esa farsa llamada “mañaneras”?
Y es que sólo basta recordar que un recuento elemental documentó miles de mentiras del ex presiente López Obrador.
Y también basta recordar que, a diario, desde Palacio, la señora presidenta y su claque imponen decenas de mentiras que, en los hechos se convierten en la grosera “verdad oficial”.
Sí, una “supuesta verdad” que en la práctica no es más que la confirmación de que vivimos en una de las más cuestionables dictaduras del nuevo siglo.
Una dictadura que se vale de la tecnología para tratar de engañar a millones de ciudadanos.
¿A cuántos mexicanos engaña la “señora presidenta”?
Al tiempo.


