¿Puede la pandemia echar abajo la recuperación?

Especial
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La mayor amenaza para la economía hoy sigue siendo la pandemia, con sus más de 100 mil muertos en México que la anticipamos el pasado 29 de octubre (“Llegaremos en noviembre a 100 mil fallecidos” titulamos la columna).

Los acontecimientos políticos, en México, Estados Unidos y otros países también influyen, pero en ningún caso en el grado que lo hace todo lo que rodea al covid-19.

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Ayer, en el marco de los Foros virtuales organizados por El Financiero, expuse que, en el mejor de los casos, en México tendremos que esperar hasta el segundo semestre del próximo año para acercarnos un poco a lo que conocíamos como “normalidad”. En el peor, habría que esperar hasta 2022.

La razón es simple. La única manera de frenar drásticamente los contagios de covid-19 es a través de la vacunación. Entre finales de este mes y diciembre probablemente empiecen a recibir autorizaciones diversas vacunas.

Si suponemos que a partir de enero hay condiciones para que sean aplicadas en nuestro país, el ritmo de su aplicación –de acuerdo con lo referido por el secretario de Hacienda hace algunos días– es de 10 millones de dosis por mes.

La mayor parte de las vacunas (dos de las tres cuya adquisición afortunadamente ya gestionó México) requieren dos aplicaciones antes de tener la inmunidad.

Si suponemos que en enero se vacuna a 10 millones de personas, un supuesto extremadamente optimista, un porcentaje muy alto requerirá otra dosis en febrero, por lo cual, en ese mes tendríamos 10 millones de personas inmunes.

A un ritmo de 10 millones cada dos meses, llegaríamos al mes de junio con 30 millones de personas inmunizadas, lo que significa poco menos de la cuarta parte de la población.

Seguramente se puede acelerar en cierta medida el ritmo de aplicación, pero no mucho más.

Es decir, que a la mitad del 2021 no estará inmunizada ni la mitad de la población mexicana.

No vaya a malentenderme. Es una muy buena noticia, pero no alcanzará para que regresemos a la normalidad al arrancar la segunda mitad del año.

Esto quiere decir que la evolución de la pandemia en los siguientes meses dependerá de que pueda amortiguarse el ritmo de los contagios en virtud del distanciamiento social, del uso generalizado del cubrebocas y de la aplicación masiva de pruebas, como lo empezará a hacer el gobierno de la Ciudad de México.

El problema es que, en las estrategias de mitigación, los gobiernos locales han tenido que imponerse al gobierno federal, el que no ha acompañado, sino a veces bloqueado los esfuerzos de las autoridades locales.

En muchos lugares de la República, la dinámica de la enfermedad dependerá de qué tan conscientes somos de los riesgos cuando se aproxime diciembre.

Se trata del mes en el que, tradicionalmente, hay más contacto social. Si el hartazgo por el confinamiento y el deseo de liberarnos, aunque sea brevemente, vence a la prudencia y el buen criterio, entonces tenga la certeza de que entre diciembre y enero tendremos una aceleración de la pandemia, de los contagiados, hospitalizados y fallecidos.

Y, no habrá de otra que proceder a imponer restricciones como pasó en el mes de abril, con lo que la incipiente recuperación de la economía recibirá de un golpe que la va a poner en la lona.

Ayer, el INEGI dio a conocer cifras del mes de octubre. La actividad de la economía ya solo creció en 0.5 por ciento respecto a septiembre, cuando en ese mes lo había hecho en 1.7 por ciento respecto a agosto.

Es decir, poco a poco, el ritmo de la economía se va desinflando.

Si a esta pérdida de impulso le agrega el impacto de cierres localizados, pero cierres al fin, podríamos tener un nuevo tropezón en el primer trimestre del 2021.

Ya que el gobierno, particularmente el presidente, no predica con el ejemplo, tendremos que ser nosotros, la sociedad, la que tomemos la responsabilidad de cuidarnos.

No hay de otra.

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