Pacto nacional

Especial
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Un contagio cada diez segundos, demoledora cabeza de Excélsior ayer. Comienzan los conteos por hora: la CFE pierde 57 mdp y Pemex 257. En los mismos 60 minutos 13,700 personas perderán su empleo y 1,366 entrarán en pobreza; 20 mexicanos serán ejecutados por las mafias y alrededor de 25 morirán por covid-19 (de Coneval, por Juan Borbolla) Es lo más similar a una guerra que ha vivido la gran mayoría de los mexicanos.

Hay varios enemigos comunes: el virus, el crimen organizado —bien por El Marro— y el colapso económico. Para enfrentarlos, México debería reunir a la mejor inteligencia con la que contamos. Allí empieza el problema, la gestión ha decidido pelearse con los expertos e, incluso, se ha burlado y, además, escatima la información.

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Es increíble que frente al covid las autoridades pongan en duda lo elemental, el cubrebocas, y que este sea motivo de mofa presidencial. Me lo pondré cuando se acaba la corrupción. Qué tiene que ver una cosa con la otra. Nada. Los diez contagiados por segundo del sábado pasado podrían reducirse, podríamos así empezar un periodo de alto rigor generalizado —que, según los expertos, el doctor Francisco Moreno, del ABC, entre ellos—, arrinconaría al virus. Ocho semanas, dicen. Sería una gran noticia para la economía porque el mejor plan económico es controlar la pandemia para poder reabrir. Hace bien el secretario Moctezuma en no ceder: primero deben cambiar los números. Bien por el acuerdo con las televisoras, no es perfecto, es lo posible. Son vitales los televisores para el 7.5 por ciento de los hogares que carecen de ellos, alrededor de 2.5 millones de aparatos. Sería una buena inversión.

Pero la ventana de oportunidad se cierra, larguísimos meses, un subsecretario que hace marometas con las cifras y actúa como si los mexicanos fueran oligofrénicos. Tontea a los gobernadores y ya provocó un frente en su contra. La población ya muestra síntomas de cansancio por el encierro, por la falta de credibilidad en las autoridades, signos de desesperación ante el fracaso evidente. Hasta los alemanes ya se rebelan. Cómo estará el ánimo para octubre. Pero, eso sí, habrá Grito y desfile.

Se habla cada vez más de una creciente depresión generalizada. Y no es para menos, contar muertos y contagiados todos los días, los casos cercanos, la incertidumbre del tratamiento y la lejanía obligada de los pacientes, son buenos motivos. En la desesperación no falta quien lance “ya que me dé, así no puedo vivir”. Tercer país con más muertos y acumulando. Como si no hubiera problemas gravísimos frente a nosotros, el gobierno incendia sectores como el farmacéutico, justo en este momento. Entre sonrisas anuncian muertes y contagios y de pasada endilgan el problema a los gobernadores y a las farmacéuticas. Nueva ocurrencia: un súbito monopolio estatal encargado de distribuir medicamentos. ¿Y la Cofepris? El razonamiento es tan simplón como engañoso: ¿si los productores de pan y de refrescos pueden, por qué nosotros —el Estado— no? Acaso conocen la historia de empresas como Bimbo y las décadas que les llevó construir su sistema de distribución, los controles establecidos, la mística de los trabajadores, la inversión en unidades, la larguísima cadena que los hace hoy tan potentes. Si algo ha caracterizado a las empresas de Estado es su ineficiencia, allí está el barril sin fondo de Pemex o de CFE. Recuerden el Telmex previo a la privatización y el tiempo que se llevaba conseguir una línea telefónica. Pero ahora serán medicinas de las cuales depende la vida de los mexicanos. ¿Quién garantizará la calidad?

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Estamos en guerra, concéntrense en los enemigos reales, no inventen fantasmas, llamen a los mejores, vengan de donde vengan, confíen y apuesten a la ciencia, reconozcan sus limitaciones, que son muchas y muy evidentes. No es tiempo de politiquerías. Llamen a la unidad como lo hizo Ávila Camacho frente a la Segunda Guerra. Controlen sus vanidades y convoquen a un gran pacto nacional que comienza por el cubrebocas.