¡MANUAL DEL “PERFECTO APLAUDIDOR”: POR AMLO!

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La mañana del miércoles 22 de abril, del 2020, los mexicanos, en general, pero los periodistas, en particular, vivimos uno de los mejores momentos de la historia, en décadas.

¿Por qué?

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Porque resulta que el presidente mexicano nos regaló –a medios y periodistas–, una suerte de “Manual del Perfecto Aplaudidor”.

Es decir, por fin López Obrador se atrevió a mencionar, por nombre y apellido, a quienes en los medios, desde hace décadas, son motejados, como “La Banda de los Cuatro”.

¿Y, por qué ese ridículo nombre?

Porque son los cuatro periodistas más abyectos, más lambiscones; los más “lamebotas” y los que a cambio de un puñado de moneda son capaces de “vender su alma al diablo”, a los mismísimos infiernos.

Por el contrario, no son muchas las ocasiones en las que, con auténtica alegría, podemos dar gracias a Obrador y felicitar al mandatario mexicano por la claridad de su concepto sobre el siempre escabroso tema del papel de la prensa y de los periodistas, en una decadente democracia como la mexicana.

Y es que, como no había ocurrido en la historia, el presidente no sólo reconoció que la mayoría de los medios son profesionales –como pocos en el mundo–, sino que, sobre todo, entendió que los periodistas no son y no deben ser aplaudidores del poder; sea el poder político, económico; sean los poderes fácticos o religiosos.

¿Reconoció AMLO a los medios y los periodistas?

En efecto, dijo que la mayoría de los medios y de los periodistas critican su gestión; dijo que “medios como El Universal y Reforma dan flojera, porque son páginas y páginas sin encontrar nada bueno del gobierno”.

Pero fue más allá al precisar: “Y no se diga los editorialistas y opinadores, que no dicen nada bueno del gobierno; para ellos todo es malo, no hay nada bueno”.

¿Qué significa lo anterior?

En efecto, que los medios, los periodistas, editorialistas y columnistas hacen lo correcto; cumplen a plenitud su razón de ser: critican y cuestionan al poder, en clara sintonía a su responsabilidad social de los medios en democracia.

Y es que esa, la de cuestionar, contener, criticar y equilibrar al poder, es la razón fundamental de los medios y de los periodistas.

La responsabilidad de los medios y de los periodistas –en los distintos géneros del periodismo–, no es aplaudir al gobierno, tampoco hablar bien del gobierno y menos quedar bien con el gobierno.       

Pero además, fuimos testigos de uno de esos casos en los que el presidente Obrador mostró que su limitada lucidez se sublima y, acaso por eso, aparece un presidente generoso capaz de regalar a los periodistas mexicanos uno de sus mejores días, en más de medio siglo.

¿Por qué?

Porque en un notable ejercicio de claridad y reconciliación –la mañana del miércoles 22 de abril–, en un notable ejercicio de claridad, López Obrador finalmente reconoció la existencia, con nombre y apellido, de aquellos periodistas y medios que todos los días hacen circo maroma y teatro –se revuelcan hasta la náusea–, para defender a su gobierno.

En los hechos, el presidente Obrador sublimó su afán dictatorial al poner en blanco y negro a los críticos de su gestión, que son miles, frente a cuatro vividores del aplauso fácil, del “lamebotismo” que a toda costa defienden a AMLO, a cambio de un plato de lentejas.

Y es que el presidente mexicano reveló los nombres y hasta los calificativos despectivos de los mejores alumnos del impensable “Manual del Perfecto Aplaudidor”.

Es decir, que en un arranque de honestidad, el presidente Obrador reveló que sus mejores aplaudidores son, en ese orden, Federico Arreola, Enrique Galván, Pedro Miguel y Jorge Zepeda Patterson, “además de los moneros” –dijo AMLO–, en referencia al grupo de cartonistas aplaudidores, entre los que están “El Fisgón”, “Helguera” y “Hernández”.

Lo dijo el propio AMLO; esos son sus aplaudidores, sus defensores, los dizque periodistas que, a cambio de un plato de lentejas, regalan el aplauso fácil.

¿Habían imaginado a un presidente revelando el nombre de sus aplaudidores y defensores?

Pues sí, López Obrador no sólo los mencionó, los defendió y hasta los aplaudió. No, AMLO los exaltó como héroes de su dictadura.

Al mismo tiempo se quejó de la crítica en diarios como El Universal, Reforma, Excélsior, El Financiero y hasta Milenio –éste último es donde están algunos de sus más abyectos aplaudidores–, y dijo que “dan flojera” porque son páginas y páginas en donde no reportan nada bueno, sino que para ellos todo está mal.

Sí, gracias a la queja de López Obrador, hoy podemos confirmar que la prensa mexicana, los medios y los periodistas, cumplen su labor; la de criticar al gobierno, al presidente y sus resultados.

Y ese, es el mejor elogio que puede hacer todo hombre del poder a los medios.

¡Gracias presidente!

Al tiempo.