LA PRESENCIA DE LA PULSIÓN DE MUERTE Y DE LA PULSIÓN DE VIDA COMO CONSECUENCIA DE LA PANDEMIA

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En los últimos meses los medios de comunicación han dado cuenta de diversos acontecimientos tales como agresiones a médicos y enfermeras en las calles, aumento de la violencia hacia las mujeres, médicos golpeados porque no pudieron “salvar” al familiar del agresor,  y un largo etcétera que muestra la presencia de la pulsión de muerte en muchos de los habitantes de este país. 

Pero, ¿cómo puede definirse la pulsión de muerte?, ¿cómo es que se hace presente de manera tan marcada en nuestros días?, ¿cómo puede evitarse ser presa de la pulsión de muerte?.

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Por lo general, se conceptualiza a la pulsión de muerte como una fuerza interna agresiva y destructora que es expulsada hacia el exterior del individuo cuando por alguna causa, el odio se apodera del sujeto.

Por su parte, Green, psicoanalista francés, postuló que: la pulsión de muerte no existe en un estado de actividad permanente, sino que se instala a continuación de una serie de frustraciones vividas en silencio o en una ruidosa agitación. 

Cuando la pulsión de muerte se hace presente en el estado de ánimo de una persona, ésta puede manifestarse hacia fuera mediante formas de agresión y de destrucción hacia el otro pero también puede tener expresiones hacia el propio sujeto.

Las manifestaciones hacia el propio sujeto se presentan cuando la persona empieza a atacar y a perder el interés por aquellas cosas que antes le atraían —su trabajo, la familia, los amigos y hasta su persona—, estando en peligro de caer en una depresión y en casos graves, puede llegar a perder el interés por la vida e intentar el suicidio. 

La pandemia que nos invade desde hace algunos meses, nos ha llevado a experimentar una serie de pérdidas dentro de lo que era la cotidianidad de la vida, que generan fuertes frustraciones y nos exponen a que se haga presente en muchos de nosotros la pulsión de muerte.

Ser presas de la pulsión de muerte coloca a la persona ante la posibilidad de expulsar hacia afuera la frustración dirigiendo la agresión y el deseo de destrucción hacia otros. Si la pulsión de muerte es dirigida hacia el propio sujeto, la desolación se apodera de él y puede caer en depresión.

Para evitar ser presa de la pulsión de muerte es necesario abrazarse de la pulsión de vida. Todo aquello que tiene que ver con crear cosas, con construir , con desear, con mantener la esperanza, con el amor a la vida, a los otros y a los deseos, tiene que ver con la pulsión de vida.

El cambio en nuestra forma de vida forzado por la pandemia, una figura presidencial deficiente,  acciones confusas sobre las medidas de prevención y la incertidumbre sobre cuando terminara el confinamiento, nos expone a que la pulsión de muerte se haga presente; pero es necesario abrazarse a la pulsión de vida que también existe en cada uno de los individuos, para no dejarse vencer y poder salir fortalecidos de la crisis que en estos momentos padecemos.