LA PANDEMIA NUESTRA DE CADA DÍA Y LA TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN

Está por cumplirse un año en que la invasión de un virus nos cambió la vida. Desde entonces COVID-19, pandemia, confinamiento, uso de cubrebocas, sana distancia, antibacterial, desinfectantes y más, son palabras que han pasado a conformar nuestro vocabulario de todos los días.

La pandemia también nos sometió a una serie de privaciones como el poder asistir a las escuelas y universidades a estudiar, acudir a los centros de trabajo y vernos limitados a seguir la cotidianidad de la vida.

No solo se han visto restringidas las actividades laborales y educativas sino a la par se han limitados actividades recreativas, mismas que resultan más difíciles de renunciar y que generan frustración cuando no logran satisfacerse.

Actividades simples como caminar al aire libre, sentarte en la banca de un parque a comer un helado, andar en bicicleta, hasta comer en el restaurante favorito, esperar el fin de semana para acudir al cine, salir de viaje, ir a la playa, su realización se ha limitado o se han cancelado lo que genera una gran frustración.

La frustración se puede definir como una respuesta emocional que se presenta cuando un deseo, una necesidad o un impulso, no puede ser satisfechos y como consecuencia se hacen presente la decepción, la ira y la ansiedad.

Si la decepción es muy intensa puede derivar en una depresión. Por su parte, si la ira es intensa puede provocar la destrucción hacia la propia persona o hacia los otros.

La frustración es parte de la vida, no se puede evitar, pero sí se puede aprender a tolerarla y manejarla.

Aprender a manejar la frustración dependerá si de niños nos enseñaron a saber esperar y que las gratificaciones no suceden de manera inmediata. Igualmente a aceptar que los deseos no siempre se pueden cumplir y poder aguantar las emociones que esto provoca.

Aceptar que no siempre se puede obtener todo lo que queremos y que en la vida hay límites no es fácil pero nos ayuda a tener control en aquellas situaciones que nos producen frustración.

Las limitaciones que nos ha impuesto la pandemia no son pocas y tampoco fáciles de aceptar pero que nos vemos obligados a seguirlas porque se encuentran regidas por el peligro de muerte.

Tolerar la frustración derivada de las limitaciones a las que nos ha sometido la pandemia del COVID-19 nos lleva a poder hacer un balance entre aquellas actividades que nos ponen en peligro de contagio y de aquellas cuyo riesgo podemos prevenir.

Igualmente la tolerancia a la frustración nos permitirá modificar el deseo por aquellas actividades que resultan riesgosas o prohibidas, por aquellas que no lo sean y así estar a salvo de enfermar o incluso de la muerte.

Las frustraciones originadas por la pandemia no son pocas ni tampoco fáciles de tolerar por lo que si fuera necesario, es de gran ayuda acudir con un especialista si las frustraciones se vuelven intolerables.