LA INTERACCIÓN HUMANA EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS

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La pandemia por el COVID-19 ha obligado a la población del mundo, incluido México, a mantenerse en el encierro con el fin de evitar un contagio de este virus, que puede resultar letal en los seres humanos, y del que se desconoce la forma de combatirlo. 

Debido a la pandemia, el acercamiento físico entre las personas se ha vuelto peligroso y como consecuencia, las formas de relación humana se han transformando, siendo la tecnología el medio a través del cual se lleva a cabo la interacción entre las personas.

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Es por medio de las diferentes plataformas digitales, que los sujetos realizan su trabajo, se comunican con la familia, realizan compras y organizan reuniones sociales.

Es mediante las plataformas digitales que desde el encierro, se tiene contacto con el mundo exterior y con las personas. Mucho se ha mencionado de lo que el confinamiento puede provocar en los seres humanos, como ansiedad y depresión, mismas que pueden mitigarse si no se pierde el contacto humano aunque sea por medio de la tecnología.

Sin embargo, poco o nada, se ha mencionado de otro grueso de la población a la que lejos de afectarle el aislamiento, lo encuentran reconfortante y tranquilizador. Son aquellos a los que la interacción con los otros les cuesta trabajo y lo encuentran altamente conflictivo.

Son personas que presentan labilidad emocional —inestabilidad—que los hace inestables e impulsivos, que presentan problemas con su autoimagen y que todo esto deriva en conflictos en las relaciones interpersonales. Son sujetos que prefieren el aislamiento a las relaciones sociales debido a que el acercamiento con los otros les genera desconfianza.

El origen de estos conflictos se sitúa en el vínculo que se formó entre el bebé y la madre o la persona que ejerció la función materna. 

Si esta primera relación entre la madre y el bebé se caracterizó por la indiferencia y la deficiencia en el cuidado del bebé a ser alimentado, arropado, abrazado, contenido y se caracterizó por el descuido y hasta rechazo por parte de la madre; el sujeto desarrollará una gran desconfianza en la relación con los otros —-hermanos, amigos, compañeros de trabajo o probables parejas—-, de los que no tolerará demasiada cercanía afectiva, pero tampoco podrá soportar la lejanía.

Si por el contrario el primer vínculo con la madre se caracterizó por el desbordamiento de ésta en el cuidado del hijo, el sujeto igualmente no logrará tener interacción satisfactoria con los demás, pues lo perseguirá la sensación de quedar atrapado en cualquier relación humana como sucedió en el vínculo con la madre.

Son estas personas a las que el encierro que demanda la pandemia la pueden estar viviendo de manera placentera al no tener que enfrentar los conflictos que le producen la interacción con los demás y que es posible que el virus los ponga a salvo del acercamiento físico con otras personas, pues mientras no exista una vacuna contra el COVID-19, el acercamiento entre personas no será posible.

Es esto un ejemplo de lo que la pandemia del COVID-19 ha venido a generar en la forma de interacción entre los seres humanos, pero, en donde, a pesar de todo habrá personas a las que aparentemente les beneficie.