LA DEPRESION Y LA PANDEMIA

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“Tengo la sensación que el tiempo pasa muy lento, miro por la ventana y son pocos los carros que pasan por la avenida y algunas personas pasan por la calle caminando. Me pregunto si no tendrán miedo a contagiarse, si yo estaré exagerando al negarme a salir a la calle.

También me pregunto: ¿hasta cuándo ira a durar esta situación? Estoy en la ventana en uno más de los domingos de pandemia, sintiendo que el tiempo pasa muy lento y que mi vida se ha detenido. A veces no me dan ganas ni de bañarme, para qué si estoy encerrada y trabajando en línea; bien se puede disimular el arreglo personal.

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¿Estaré deprimida, será que lo que hago no me motiva o será que lo que me deprime son las exigencias que marca la pandemia?”

Lo anterior es el pensamiento y los sentimientos de una mujer de mediana edad, pero que igual y podría ser de cualquiera de los que nos encontramos padeciendo las consecuencias de la pandemia por COVID-19.

Son diversas las emociones que se han generado en los seres humanos por el confinamiento y los cambios a los que nos hemos visto obligados por la presencia de un virus que amenaza con atacarnos y para el que contamos con pocos recursos para defendernos de su invasión. Entre los trastornos que se han hecho presentes está la depresión.

La depresión se define como la disminución del interés por las cosas y por las actividades que antes le atraían a la persona; así como alteraciones en el apetito, en el sueño y una disminución en la capacidad de concentración.

En la actualidad se conocen diferentes formas de depresión, siendo las más comunes: las reactivas, que responden a un acontecimiento traumático; las estacionales, debidas a la falta de luz de la estación fría; de involución, causadas por los efectos de edad sobre el cerebro.

Por lo general, la depresión se asocia a una perdida —-de un ser querido, un bien material, el empleo — situaciones que le van afectar de manera directa al ego —narcisismo—-.

Las perdidas generan en la persona sentimientos de desvalorización narcisista —devaluatorios—, por un fracaso profesional, sentimental, de no poder responder a las expectativas de los demás —padres, pareja, hijos, etc.—-, por lo que la persona queda dominada por el pesimismo, el abatimiento, la apatía, la retirada.

En estos tiempos de pandemia en que todo el tiempo está presente la amenaza de perdidas y en donde no existe una orientación profesional y verídica por parte de las autoridades, la depresión se puede presentar de manera muy sutil.

Sin darnos cuenta, la depresión se puede presentar, hasta que nos percatamos de algunos de los síntomas —desinterés, trastornos del sueño, del apetito y la concentración—-, por lo que es de vital importancia estar atentos de las propias emociones y la de nuestra familia.

Ante la presencia de cualquiera de los síntomas es necesario solicitar el apoyo de un especialista en salud mental que pueda confirmar o desechar el diagnóstico de depresión y en caso necesario indicar el tratamiento adecuado.