IMPLICACIONES PSICOLÓGICAS DEL RESGUARDO DOMICILIARIO

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El pasado 30 de marzo fue declarada la emergencia sanitaria por la enfermedad Covid-19 aprobada  por el Consejo de Salubridad General (CSG). Esta emergencia obliga a los sectores público y privado a suspender de manera inmediata todas las actividades no esenciales y a la población en general la exhorta  a cumplir con el resguardo domiciliario corresponsable. 

De manera estricta aplica para adultos mayores de 60 años, personas con hipertensión, diabetes, enfermedad cardiaca o pulmonar, con inmunosupresión provocada o adquirida y a las mujeres en embarazo y puerperio.

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El resguardo domiciliario tiene como objetivo evitar que se propague el contagio de un virus para el que no se conoce medicamento que lo pueda combatir y mucho menos vacuna para prevenir la enfermedad.

Pero, ¿qué implicaciones psicológicas tiene el resguardo domiciliario?

El resguardo obligado por el miedo a enfrentarse a un enemigo que no es visible al simple ojo humano ya es de por sí una experiencia estresante sumada al encierro que implica romper con la dinámica del día a día.

Ambas circunstancias resultan ser una experiencia altamente desagradable para los seres humanos pues se ven afectadas diferentes áreas de su vida, tales como: la dinámica de trabajo, la vida social, la dinámica familiar, la libertad individual, la forma de divertirse, los momentos de ocio, etc.

En general la vida individual y familiar se ve alterada lo que genera una potente carga psicológica sobre el ser humano, quien tendrá que adaptarse de manera temporal a una nueva situación.

Dentro de las implicaciones psicológicas se presenta en primer lugar la ansiedad y su aumento paulatino aunado al miedo. Ambos contribuyen a la aparición de pensamientos de tipo catastrofistas y anticipatorios, poniéndonos en los peores y más improbables escenarios, pero que nos generarán una gran inquietud.

Igualmente pueden llegar a presentarse irritabilidad, angustia, preocupación, síntomas depresivos, problemas de sueño y alteraciones en el apetito y en la alimentación. Es posible que en determinado momento el ánimo se mantenga estable, pero en otros momentos puede cursar con emociones más desagradables como son la tristeza, el miedo o el enfado.

Para tratar de contrarrestar las implicaciones psicológicas mencionadas en líneas arriba, es necesario en primer lugar aceptar que se está enfrentando una situación excepcional y que es necesario poner en marcha todas las estrategias que el sujeto sea capaz de desarrollar para lograr adaptarse a la nueva situación.

El concepto del tiempo se desarrolla de manera individual con base en las actividades que cada quien realiza a lo largo del día. Es por esto que al cambiar no sólo esas actividades sino además ahora estar en el encierro, el concepto del tiempo se verá alterado y será necesario consultar el calendario para saber con certeza que día es el que estamos cursando.

Es por esto que es importante establecer una nueva dinámica laboral y familiar, que entre otros aspectos, contribuyan a desarrollar un nuevo concepto del tiempo.

El encierro será más llevadero si dentro de la nueva dinámica se contempla el espacio —dentro de la casa—y el tiempo para trabajar, hacer tareas con los hijos, jugar con ellos, el tiempo para la pareja y para el ocio con lo que cada quien decida hacer. 

El encierro es difícil pero puede ayudar a ser más llevadero si se piensa como el tiempo necesario para prepararse a enfrentar el tiempo que este por venir.