Haití: un estado dependiente en pleno Caribe

Haití: un estado dependiente en pleno Caribe

El periodista Greg Beckett escribió: en Haití, la política ya no se ejerce desde el gobierno, sino desde las barricadas. Con las pandillas controlando los flujos urbanos y un Estado colapsado, millones de personas sobreviven en un callejón sin salida, donde cada desplazamiento cotidiano se vuelve un acto riesgoso. ¿Que es lo que sucede en el país caribeño? ¿Qué implicaciones tiene para América Latina?

 

Haití ha enfrentado una crisis política, social y de seguridad de proporciones catastróficas desde el asesinato del presidente Jovenel Moïse en julio de 2021, un evento que marcó un punto de inflexión en la inestabilidad del país. Desde entonces, la nación caribeña ha lidiado con un vacío de poder, el auge de pandillas criminales, una economía en colapso y una respuesta internacional limitada. Haití se convirtió en un caso paradigmático de lo que algunos analistas denominan un “estado dependiente” en lugar de un “estado fallido”, argumentando que la intervención de actores internacionales ha perpetuado la inestabilidad al imponer soluciones externas que no responden a las necesidades del pueblo haitiano.

 

La combinación de violencia pandillera, pobreza extrema y colapso institucional ha dejado al país al borde del caos, con más de 5.5 millones de personas necesitadas de asistencia humanitaria y 5.4 millones enfrentando inseguridad alimentaria aguda. Una cronología ayuda bastante a entender el colapso de este estado.

 

  • A principios de 2024, la situación política alcanzó un punto crítico. En febrero, las pandillas, unidas bajo la coalición “Viv Ansanm” (Viviendo Juntos), lanzaron ataques coordinados en Puerto Príncipe, asediando instituciones clave como el Palacio Nacional, el aeropuerto Toussaint Louverture y prisiones, liberando a más de 4,700 reclusos. Estos eventos, que incluyeron ataques a comisarías y el saqueo de infraestructura portuaria, obligaron al gobierno a declarar un estado de emergencia de 72 horas y un toque de queda nocturno en el Departamento del Oeste.
  • El 7 de febrero de 2024, el presidente Ariel Henry debía abandonar su cargo para convocar elecciones, según acuerdos previos. Sin embargo, su decisión de postergarlas hasta agosto de 2025 desató una ola de violencia y protestas, lideradas por pandillas que exigían su renuncia. El 1 de marzo, mientras Henry se encontraba en Kenia negociando el despliegue de una misión multinacional de seguridad liderada por ese país, las pandillas intensificaron sus ataques, impidiéndole regresar a Haití. Aterrizó en Puerto Rico, y el 11 de marzo anunció su dimisión desde el exilio en Los Ángeles, allanando el camino para la formación de un consejo de transición.
  • En abril de 2024, un Consejo Presidencial de Transición (CPT) de nueve miembros, compuesto por representantes de partidos políticos y la sociedad civil, asumió el poder con el respaldo de la Comunidad del Caribe (Caricom) y Estados Unidos. El consejo, con Patrick Boisvert como primer ministro interino, se comprometió a restablecer el orden y organizar elecciones, las primeras en casi una década. Sin embargo, la ceremonia de juramentación tuvo que realizarse en una oficina secundaria debido a la amenaza de las pandillas, reflejando la fragilidad de la situación.
  • A pesar de las expectativas, el CPT ha enfrentado serios obstáculos. Las luchas internas entre sus miembros, marcadas por acusaciones de corrupción y disputas partidistas, han paralizado su capacidad para gobernar efectivamente. Además,  La Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MSS), liderada por Kenia y desplegada en junio de 2024, ha sido insuficiente en personal y fondos, incapaz de contrarrestar el control de las pandillas, que para entonces sumaban unos 12,000 miembros.

 

En 2025, la situación política en Haití sigue siendo precaria. El CPT no ha logrado avances significativos hacia elecciones seguras, y la perspectiva de comicios en el corto plazo parece remota debido a la inseguridad. Las pandillas han continuado sus ataques, con masacres reportadas, como una que dejó más de 180 muertos en 2024 tras acusaciones de prácticas de vudú. La violencia sexual, los secuestros y los asesinatos han alcanzado niveles alarmantes, con 5,601 muertes y cerca de 1,500 secuestros reportados en 2024. Los países latinoamericanos harían bien en observar estos hechos, pues es la muestra de lo que sucede cuando la política fracasa.

 

De igual forma, también nos dice algo sobre las Misiones de Paz de las Naciones Unidas. La MSS ha enfrentado críticas por su falta de recursos y eficacia. La enviada especial de la ONU, María Isabel Salvador, advirtió en abril de 2025 que Haití se acercaba a un “punto de no retorno” debido a la expansión del control territorial de las pandillas y la incapacidad de la Policía Nacional Haitiana para responder. El Consejo de Seguridad de la ONU ha debatido la posibilidad de transformar la MSS en una operación de mantenimiento de la paz, pero no se ha alcanzado un consenso.

 

Haití enfrenta un camino incierto. Es necesario avanzar hacia una reforma constitucional y elecciones creíbles, pero la falta de seguridad y legitimidad dificulta este objetivo. Entre tanto, el sufrimiento, la migración y la violencia se expanden y dan una base de operaciones a los grupos criminales de la región.