EL RECUENTO DEL DAÑO EMOCIONAL DERIVADO DE LA PANDEMIA

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Hace ya seis meses, el 30 de marzo del presente año; que fue declarada la emergencia sanitaria por la propagación en nuestro país del SAR-COV2. Esta emergencia obligó a los sectores público y privado a suspender de manera inmediata todas las actividades no esenciales y a la población en general la exhortó a cumplir con el resguardo domiciliario corresponsable.

A partir de este confinamiento, la población en general nos vimos sometidos a una serie de cambios en nuestro sistema de vida, que han contribuido al desarrollo de diferentes trastornos emocionales.

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Por un lado y ante el miedo al contagio resalta la exacerbación de ansiedades de carácter obsesivo y fóbico, que el sujeto venía controlando, o que no se habían manifestado y que ahora frente al miedo se hacen presentes o se potencian las ya existentes.

Ejemplo de ello son aquellas personas que tienen inclinación por el orden y la limpieza pero que a partir de la pandemia han desarrollado conductas obsesivas por la higiene.

Igualmente aquellas que han desarrollado ansiedades extremas —ansiedades fóbicas—, al intentar poner un pie fuera de casa o a tocar cualquier tipo de superficie así como a intercambiar palabra alguna con personas desconocidas así sea a la distancia.

Pero sin duda, la afectación emocional que ha impactado a un gran número de la población en México ha sido el desarrollo de la depresión ocasionada por las diferentes pérdidas que ha provocado la pandemia.

Una de estas pérdidas ha sido la de nuestra cotidianidad. Los niños y los adolescentes se vieron obligados no sólo a abandonar su centro escolar sino, además, a dejar de ver a los amigos, a las connivencias de los viernes y a las reuniones para realizar la tarea en equipo.

Igualmente la vida laboral de los adultos se vio transformada al tener que trabajar desde casa y su vida social se vio limitada a realizarla mediante los dispositivos electrónicos. La posibilidad de poder sentarse con las amigas y amigos a tomar el café o la copa se vio limitada y en muchos casos cancelada.

La convivencia de 24 horas por 7 días de la semana a la que se han visto sometidas las familias ha generado que aquellos conflictos que existían entre sus miembros y que poca o nada de atención se les había prestado, el encierro generó que se potenciarán, como es el caso, de la violencia intrafamiliar.

Pero sin duda, las mayores pérdidas que ha generado la pandemia han sido la de un ser querido que no haya podido vencer la enfermedad ocasionada por el virus o la pérdida del empleo.

Es así que los principales trastornos emocionales que después de 6 meses ha generado la pandemia en la población han sido el desarrollo o la exacerbación de algunas ansiedades de carácter obsesivo, las ansiedades fóbicas, la violencia y esencialmente la depresión.

El que la pandemia se haya extendido por tanto tiempo ha empezado a generar en las personas cierta desesperación por el encierro, la baja en los ingresos, el miedo al contagio y la falta de medidas adecuadas por parte del gobierno para disminuir los efectos de la pandemia.

Sumado esto último a un discurso oficial que lejos de orientar y generar esperanza, provoca confusión y lleva a gran parte de la población a experimentar desesperanza, lo que puede provocar en los sujetos a realizar actos de riesgo que los lleve a contraer la enfermedad.

Que salgamos fortalecidos o debilitados de esta pandemia dependerá de la fortaleza con que vivamos el duelo por las pérdidas, la creatividad para inventar formas nuevas y significativas de vida, así como de las medidas de protección que sigamos teniendo.