EL DUELO Y LA FORTALEZA PSÍQUICA PARA ENFRENTARLO

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En los primeros meses de este año en que se detecto al paciente cero por COVID-19 en nuestro país, la vida de los mexicanos se vio trastocada por la invasión del virus y las alteraciones en la salud y en la dinámica de vida que se generó en todos nosotros.

El virus también ha provocado en los seres humanos diferentes perdidas que van desde el menoscabo de la salud, la cotidianidad, la vida social, hasta la perdida del empleo o de un ser querido.

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El duelo es la reacción frente a la perdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como un ideal, la libertad (Freud, 1917). La persona que atraviesa por un duelo puede llegar a presentar graves desviaciones de la conducta normal en su vida y se espera que pasado un tiempo prudente el duelo quedará superado.

Diferentes autores establecen varias etapas en el proceso de duelo: el inicio que se caracteriza por la incredulidad que puede llegar hasta la negación. Seguida de la etapa en que la persona se muestra realmente afectado y se distingue por un estado depresivo.

El final del duelo se caracteriza por la aceptación de la perdida y cuando el sujeto se encuentra en posibilidades de volver a interesarse por nuevos proyectos y construir nuevos vínculos.

La elaboración de un duelo dependerá de la historia personal y de la estructura del sujeto, así como de variables tales como su entorno familiar, social y cultural.

Los rasgos de personalidad y los recuerdos inconscientes de otras perdidas o crisis vividas en el pasado también contribuyen en la forma en que se enfrenta el duelo.

Los sujetos que mejor se adaptan a las pérdidas son aquellos que presentan una mayor capacidad para procesar las experiencias traumáticas: reconocen sus emociones y buscan manejarlas, son flexibles y desarrollan estrategias que les permitan superar el duelo.

La fortaleza de la estructura mental de la persona dependerá entre otros factores, de las experiencias en la primera infancia. Si la relación del bebé con la madre o con la persona que ejerza dicha función resulta lo suficientemente buena en donde la madre prodigue los cuidados necesarios para el bienestar físico y emocional del bebé.

Estos cuidados establecerán las bases para que el sujeto desarrolle la seguridad y confianza para poder enfrentar las diferentes circunstancias que le vida le presente, como las experiencias traumáticas, las frustraciones, el aislamiento, y el duelo por las perdidas.

La forma de enfrentar el duelo es única en cada persona, cada sujeto requerirá de su propio tiempo para procesar la perdida, así como de hacerlo en compañía o a solas, o quizás sólo necesitando un hombro en cual apoyarse.

Para enfrentar el duelo es necesario que la persona haga uso de su fortaleza interna y siempre existe la opción de buscar ayuda de un profesional que lo ayude a procesar la crisis y pueda salir fortalecido.