CORONAVIRUS, MÁS DE 35 MIL MUERTOS Y CONTANDO…

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No recuerdo ya el número de veces que Hugo López Gatell, subsecretario de salud ha asegurado que estamos en el pico de la pandemia. Penosamente para su causa, la realidad es una señora muy fea y muy terca y se ha empeñado en desmentirlo.

Tristemente para nosotros los mexicanos, aún no llegamos al pico de la pandemia y peor aún resulta admitir que no tenemos ni la más peregrina idea de cuando sucederá esto.

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Lo que es un hecho, es que el número de contagios marcha a la alza de manera exponencial y con ello, aumenta de manera vertiginosa el número de personas fallecidas, haciendo que ya superemos a países como Italia, Francia y España, donde el coronavirus alcanzó ribetes apocalípticos.

Al respecto cabe descartar el argumento favorito utilizado por los panegiristas del régimen, que aducen que tenemos mayor número de habitantes que cualquiera de dichos países europeos, porque si comparamos las cifras de contagios y decesos de nuestra patria, con los de Japón (país que tiene más o menos el mismo número de habitantes que nosotros) o de China (que indudablemente tiene una población mayor), veremos que la cantidad de óbitos en dichas naciones, es considerablemente inferior a la nuestra.

Y es aquí donde para el gobierno federal sería forzoso admitir que la estrategia para la contención y el combate de la pandemia, no ha sido adecuada; y en tal virtud, sería obligado variar la estrategia y eventualmente, cambiar de estratega inclusive.

Sería fundamental que el gobierno federal desde la secretaría de salud, hiciera énfasis en algo que de manera inexplicable, hasta la presente fecha, se ha soslayado: en la necesidad de fortalecer el sistema inmunológico de los mexicanos.

Esto podría conseguirse, repartiendo masivamente tal cual se ha hecho en países como India, complejos vitamínicos para fortalecer el sistema inmunológico de la población, auspiciando el consumo de productos como el limón, la chaya, el frijol, el aguacate, el ajo, la miel y muchísimos otros, que contribuyen a una buena nutrición y promoviendo ejercitarse en casa, como medidas complementarias al confinamiento social y las restricciones de movilidad.

Pero vemos con angustia que el presidente de la república, que es un individuo al que el razonamiento no se le da, está empecinado en su postura, de mantener contra viento y marea, a Hugo López-Gatell al frente de la batalla contra la pandemia, cuando hemos visto que ha sido ampliamente superado.

Y es que para López Obrador, mantener a cargo a López Gatell, constituye una manera de decir que no cede ante las críticas y que aunque a muchos no les guste, se mantendrá firme en sus trece, pase lo que pase; inclusive que nos veamos en la necesidad de caminar sobre cadáveres o México se convierta en un cementerio.

Para la mente desquiciada del presidente, la pandemia es un argumento que los conservadores tienen para atacar a su administración. En semejante orden de ideas, el gobierno federal, emanado de la Cuarta Transformación no para de difundir mentiras y asegurar que la situación está controlada, cuando es evidente que es todo lo contrario y que los contagios y muertes aumentan sin control.

Urge que el presidente haga un ejercicio de humildad y rectifique y ponga al frente de la batalla por la salud a un especialista calificado, sin importar su nacionalidad; es imperativo que nombre a alguien con idea de lo que se debe de hacer para atacar la enfermedad y que no se dedique únicamente a cuidar la figura presidencial.

López Obrador debe recordar que deberá someterse al escrutinio público en las elecciones por venir y que su popularidad se desgasta a pasos agigantados, pero eso es a consecuencia de su ineptitud y sus errores y no a causa de una conjura planeada y ejecutada por la oposición.

La capacidad de rectificar es muestra de madurez emocional y oficio político, cualidades que evidentemente no adornan la personalidad de nuestro primer mandatario. Es preciso decir con claridad meridiana que los costos económicos y en vidas que la pandemia signifique para México tienen un solo responsable y ese es sin lugar a dudas, Andrés Manuel López Obrador. Recordemos eso al instante de llegar a las urnas.

Dios, Patria y Libertad