Al final, los genios de Palacio decidieron por el saludable “¡fuera máscaras!”.
Y es que desde la propia “señora presidenta”, hasta el último de los “lacayos” de Palacio, “enseñaron el cobre”.
Sí, se aventaron “la puntada” de hacer pública, en “la Mañanera del Pueblo”, lo que el mundo conoce como “lista negra” de periodistas y medios incómodos para el poder y que por eso son y seguirán siendo perseguidos por la dictadura impuesta en México por los gobiernos del partido Morena.
Si, una “lista negra” igual a la que diseñaron algunas de las peores dictaduras de la historia; dictaduras como las de Mussolini, Hitler, Stalin, Franco y muchos otros.
Y es que desde Palacio –y en cadena nacional–, la presidenta Claudia Sheinbaum les dijo a sus seguidores cuáles medios y qué periodistas debían ser proscritos de sus preferencias mediáticas y de información.
Sí, en la “mañanera” del 5 de agosto del 2026, la presidenta dijo que su gobierno “contrata publicidad en medios de comunicación”, aunque aclaró que el presupuesto se distribuye según “el alcance de las audiencias”.
Y por eso confirmó que diarios como El Universal, Reforma y canales de televisión como Azteca –todos ellos con las mayores audiencias–, no están en las pautas de publicidad de su gobierno.
Así lo dijo: “No quieren al gobierno porque ya no les damos chayote”, dijo en tono burlón la mandataria, en referencia a los antiguos sobornos que pagaban gobiernos del viejo PRI a periodistas.
Pero no fue todo, la presidenta añadió que esa condición –de no recibir publicidad–, explica el tono editorial de esas empresas informativas, a las que acusó de publicar “cosas absurdas” sobre su gobierno.
Un día después, el jueves 6 de agosto, el conductor de televisión, Luis Cárdenas anuncia que su último noticiero –La Primera de MVS–, saldría del aire la mañana del viernes 7 de agosto del 2026.
Al final, Luis Cárdenas dijo que Salió de MVS por voluntad propia, cuando lo cierto es que no quiso enfrentar la represión del poder, para que no cerrar las puertas de otro empleo.
Y es que desde Palacio, el poder político exigió la salida de Luis Cárdenas de MVS y la empresa entregó su cabeza.
Pero esa era sólo una de las groseras expresiones de la represión oficial contra los medios. Y es que en los últimos 20 días, desde sus mañaneras, la presidenta enumeró no solo a los medios proscritos por su gobierno, sino a los periodistas perseguidos.
El miércoles 5 de agosto del 2026, la presidenta difundió en su mañanera, un video en donde aparecen algunos de sus más severos críticos.
Sí, en los hechos se trató de una decisión política para satanizar a los periodistas y a los medios críticos del fracaso gubernamental de Morena.
¿Y quienes aparecieron en ese video?
Poca cosa, reputados periodistas como Sergio Sarmiento, Ciro Gómez Leyva, Carlos Loret y muchos otros que son parte de la “lista negra”, además de medios como El Universal, Reforma y Latinus.
Lo cierto es que desde “Las Mañaneras” todos los días se manda el mensaje de los medios y los periodistas que son satanizados desde el poder presidencial. Sin embargo, esa persecución no es novedad alguna.
¿Por qué?
Porque la censura y la persecución que vemos a diario contra los periodistas y los medios, aquí la denuncie desde el 6 de mayo del 2018.
Así lo dije en aquella ocasión, cuando López Obrador lanzó todo su poder contra uno de sus mayores críticos.
“Detrás de la persecución en mi contra está la mano de Morena –lo hemos probado–, el partido más interesado en callar nuestra voz y la de todos aquellos que han advertido sobre el peligro que significa la eventual llegada de Morena al poder.
“Lo preocupante del caso es que los incitadores al linchamiento en mi contra son los mismos que se dicen de izquierda; aquellos que, en los años 60, 70 y 80 cuestionaban el golpe a Excélsior, a El Día; los que gritaban contra la “prensa vendida”; los que acusaban a los gobiernos de Díaz Ordaz, Echeverría y López Portillo, de represores, censores y violadores de la libertad de expresión; del derecho a disentir, a criticar.
“Y es que aquellos que lincharon a Ricardo Alemán, que pidieron su cabeza en la plaza pública, que exigieron su despido de Televisa, de Canal 11 y de Milenio, son los modernos Torquemada, los nuevos Díaz Ordaz, la versión moderna de Luis Echeverría…
“En realidad, los que lincharon a Ricardo Alemán, están avisando que no sólo van contra los críticos, sino contra los derechos y las libertades fundamentales en democracia. Y no callan a Ricardo Alemán –al que no callarán–; cancelas los derechos, las libertades y la democracia mexicana.
“Y si hoy difamaron y calumniaron a Ricardo Alemán, si fueron capaces de un montaje monstruoso como el que hizo recular a Televisa, al Canal 11 y que puso en peligro la marcha de Milenio –por las presiones de dentro y fuera–, mañana será cualquier otro crítico de Morena y pasado mañana será tal o cual medio, empresa o institución mediática” (FIN DE LA CITA)
Pero la historia de la intolerancia de Morena a la crítica viene de lejos; de la genética que alimentó a los gobiernos “morenistas”. ¿Lo dudan?
Basta recordar que en los regímenes totalitarios, en los gobiernos fascistas y en la dictadura, todo aquel ciudadano, grupo social o partido opositor que expresa una opinión contraria al régimen, es considerado “subversivo”, “neoliberal”, “enemigo del pueblo”, “peligroso” y, sobre todo, “contrario al cambio”.
En la mayoría de las dictaduras, los nombres de los críticos, los opositores, los subversivos y quienes acusan las pulsiones perversas del dictador, son metidos al “saco común” conocido históricamente como “la lista negra”, que supone el inventario de los enemigos del régimen.
Pero la “lista negra” tampoco es exclusiva de los regímenes dictatoriales del llamado socialistas o comunismo.
No, en Estados Unidos, en “el periodo negro” del “macartismo” –así conocido por el ultraconservador senador norteamericano Joseph McCarthy–, los llamados “enemigos de Estados Unidos” a los que se catalogaba como “izquierdosos”, fueron parte de una “lista negra” y perseguidos bajo el presunto cargo de “comunistas”.
Entre otros fueron perseguidos, Charles Chaplin, Humphrey Bogart y Katherine Hepburn, además de directores como John Houston y guionistas como Ling Landner.
Lo cierto es que la alusión a una “lista negra” –de políticos, periodistas, enemigos, empresarios o adversarios–, es propia de una dictadura.
Más aún, una “lista negra” es la confirmación de la venganza y el rencor sociales que no tienen cabida más que en las dictaduras, en los gobiernos represores y en las tiranías.
Por ejemplo, en el fascismo italiano –durante el terror dictatorial de Mussolini–, la “lista negra” era reservada para los periodistas y los opositores, a quienes el dictador amenazaba de manera cotidiana en la plaza pública.
Incluso, el dictador italiano –verdadero alter ego de López Obrador–, ordenó el asesinato de los más reputados opositores y periodistas; crímenes de Estado que cínicamente reconoció el propio Mussolini, quien llegó al extremo de convertirlos en actos heroicos.
En el caso de la dictadura de Hitler, la “lista negra” incluía una mayoría de judíos; entre quienes había periodistas, opositores, artistas, empresarios… millones de ellos asesinados por la mente criminal del dictador germano.
En la España de Franco, la “lista negra” la integraban, sobre todo, los republicanos y disidentes; miles de españoles muertos en fusilamientos sumarios –por el delito de disentir y oponerse a la dictadura–; crímenes que por años fueron ocultados al mundo.
En Chile, la “lista negra” la nutrían quien se oponían, criticaban, apelaban a libertades básicas. Y miles dieron la vida por esas libertades elementales.
Sí, la lista es larga y México ya es parte de esa lista.
Se los dije. Al tiempo.


