Ortega: el dictador aplaudido en México

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No sólo las naciones democráticas, sino todo el mundo se impactó por el anuncio público que confirmó a Nicaragua como la nueva dictadura de la región latinoamericana.

Una dictadura en la misma Nicaragua que el 19 de julio de 1979 echó del poder al dictador Anastasio Somoza, gracias a las fuerzas guerrilleras del llamado Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

Y es que Daniel Ortega, el último líder de la Guerrilla Sandinista, el mismo que hace casi medio siglo echó del poder al dictador de Nicaragua, hoy anunció que permanecerá en el poder por los siglos de los siglos.

Sí, sin pudor y sin vergüenza, Ortega le dijo al mundo que, a partir de julio del 2026, en Nicaragua no habría más elecciones y tampoco democracia.

Sí, Ortega y su familia seguirán siendo dueños de Nicaragua, per saecula saeculorum, lo que significa: “por los siglos de los siglos”. 

Por eso la alarma de buena parte de los ciudadanos del mundo y de los gobiernos del orbe quienes creían que la humanidad ya había superado las groseras dictaduras bananeras, como la impuesta hoy en Nicaragua.

Pero resulta que en el México de la “4-T”, la presidenta, Sheinbaum, no sólo no dijo nada sobre el tema, sino que apareció indiferente a la esclavitud que viven y seguirán viviendo los “hermanos” nicaragüenses.

¿Y por qué el silencio de la presidenta de México sobre esa grosera dictadura en Nicaragua?

Lo cierto es que todos saben la respuesta; en política y sobre todo en política exterior, el silencio grita. Y el grito del gobierno mexicano no es más que el aval a la dictadura impuesta por Daniel Ortega en Nicaragua.

Y por eso volvemos a preguntar: ¿Por qué la presidenta Sheinbaum avala la dictadura de Nicaragua? ¿Por qué el gobierno de México no condena la confirmación de que Nicaragua será una dictadura eterna?

La respuesta es elemental y la conocen todos; porque México también es una dictadura que apuesta a permanecer en el poder de manera eterna.

Pero lo ridículo del asunto es que resulta de risa loca comprobar y comparar a los gobiernos del viejo PRI, con la política exterior de mafias como el Partido Morena.

¿Y por qué es de risa loca?

Porque obliga recordar que el 1 de septiembre de 1979, durante el Tercer Informe de Gobierno del entonces presidente, José López Portillo, el mandatario anunció que rompía relaciones diplomáticas con la dictadura de Somoza, en Nicaragua, en repudio a la violación de libertades básicas.

De manera simultánea, López Portillo inició una estrategia de apoyo político, económico y logístico a favor de la guerrilla conocida como Frente Sandinista de Liberación Nacional, entre cuyos líderes estaba nada menos que Daniel Ortega.

Es decir, que el México del viejo PRI; el México de los años 70 y 80 apostó contra las dictaduras de entonces –como la de Somoza–, y se propuso avalar los esfuerzos democráticos de pueblos como Nicaragua, a través del Frente Sandinista.

Pero también debemos recordar que eran tiempos en donde México había pasado del “trauma” de 1968 y de 1971, tiempos en los que un visionario de la democracia, como Jesús Reyes Heroles, sembró los pilares de la alternancia en México, con iniciativas como reconocer la naciente oposición política, con figuras como la representación proporcional en el Congreso.

Al final de cuentas, en el México de hoy, de 2016, vemos a un dictador bananero como Daniel Ortega quien pelea por mantener la dictadura en Nicaragua, la misma dictadura que él mismo, Ortega, combatió hace medio siglo.

Pero lo más vergonzoso es que el gobierno mexicano de hoy aplaude a la dictadura de Ortega, cuando el viejo PRI combatió dictaduras como la de Somoza.

Sí, no hay duda de que los gobiernos de Morena son la escoria política de México.

¿Lo dudan?

Al tiempo.