En solidaridad con Edmundo Cázares.
De la Real Academia Española: “La cuerda siempre se rompe por lo más delgado”.
Y, en efecto, es el caso de la polémica desatada por una entrevista que le hizo el periodista Edmundo Cázares, al polémico Carlos Monsiváis, hace por lo menos dos décadas y que, en días pasados se publicó de nueva cuenta en la versión digital de El Universal.
Y es que, como ya es costumbre en el México de la dictadura del partido oficial, Morena, “Siempre la cuerda se rompió por lo más delgado”.
Es decir, que en el México de hoy; de la “4-T”, de tanto en tanto los periodistas críticos, los empresarios y opositores mexicanos, somos llevados “al cadalso” por una mafia de sicarios mediáticos que cobran jugosos salarios en Palacio, para difamar, calumniar y satanizar a todo aquel periodista, opositor y empresario que se atreva a exhibir miserias políticas en tiempos de Morena.
Y ay de aquel que se atreva a señalar a “las mafias morenistas”, porque entonces se desatarán “todos los demonios” en su contra, al extremo de convertir al periodista, empresario o crítico, en verdadero “perro del mal”.
Y sí, hoy le tocó al periodista entrevistador, Edmundo Cázares, a quien le pidieron la reedición de una entrevista que hace 20 años le hizo a Carlos Monsiváis, dizque para homenajear al cronista en su aniversario luctuoso.
Pero obliga preguntar: ¿Por qué reeditar una vieja entrevista que pocos o nadie recordaba? ¿Cuál era el interés de esa entrevista?
Precisamente eso, que desde Palacio se empuja la más perversa campaña de descrédito contra Obrador, porque en la casa presidencial ya concluyeron que es tiempo de romper con “el señor de Palenque”. Y esa entrevista era y es un peldaño de una larga cadena de desprestigio.
Lo simpático del tema es que los idiotas de Palacio nunca calcularon la repercusión de una entrevista como la de Edmundo Cázares; entrevista que a pocos les importó hace 20 años, pero que hoy fue un verdadero tsunami político en México.
Y es que, según la transcripción de la entrevista, Monsiváis no sólo reveló los demenciales delirios de poder de AMLO, sus locuaces ambiciones políticas y pulsiones criminales, sino sus devaneos homosexuales.
Pero el escándalo no fue por la confirmación de que el expresidente es un enfermo de poder, un moderno Nerón y un criminal confeso que mató a un amigo y a un hermano. No, el escándalo es porque Obrador “es homosexual”.
Y por eso volvemos a preguntar: ¿De verdad nadie lo sabía?
Lo cierto es que entre la claque de AMLO todos lo conocen “las debilidades” lopistas.
Lo que no saben y no entienden es dónde salió hoy “la mano que mece la cuna”. No entienden que, en el fondo, diarios como Reforma y El Universal son aliados del gobierno de Sheinbaum y que están para servirle.
Sin embargo, lo más penoso es que el diario El Universal, el mismo que se hizo amigo desde que Sheinbaum era candidata presidencial, hoy se dice sorprendido y hasta exige la grabación original de la entrevista.
Sí, de risa loca. ¿Y por qué de risa loca?
Porque el decano de la prensa mexicana, el diario que presume más de cien años en el espectro mediático mexicano, no hizo su trabajo.
¿No hizo su trabajo?
No, porque El Universal no debió publicar una entrevista de esa naturaleza, sin antes conocer el contenido de la grabación original.
Sí, en los tiempos modernos, cualquier director general, director editorial, jefe de información, jefe de redacción o editor de un diario que se dice serio, debió exigirle al entrevistador el audio original de una entrevista como la que le hizo Edmundo Cázares a Carlos Monsiváis.
¿Y por qué en El Universal dejaron pasar esa entrevista, como si nada?
Por eso, porque los amigos de Palacio le pidieron a El Universal que publicara la entrevista para dañar a AMLO.
Y es que no es ninguna novedad la buena relación de Palacio con los directores de diarios como El Universal y Reforma; directores que –por pura casualidad–, salieron del diario La Jornada.
Más aún, una familiar del dueño de El Universal fue parte clave en la campaña de Claudia Sheinbaum, al extremo de que el pasado miércoles salió a redes a justificar lo injustificable; la relación amistosa entre el poder político y el poder mediático. ¿Nunca han entendido que esa relación es una perversión?
Pero vamos a las definiciones periodísticas. Lo que pocos saben es que el género periodístico de entrevista es un diálogo entre un periodista y una o más personalidades. El periodista nada tiene que ver con la veracidad de lo que diga su entrevistado, más allá de que le interrogue si es cierto lo que dice.
Por eso, resulta una soberana estupidez que no pocos dizque periodistas descalifiquen la entrevista, porque el entrevistado no habría dicho la verdad.
Olvidan que nadie –ningún periodista–, puede obligar a un entrevistado a decir la verdad de lo que dice, piensa u opina.
Y es que todo entrevistado tiene el derecho de hablar de lo que considera real, correcto, legal o legítimo, más allá de que sea verdad.
Y por eso volvemos a preguntar. ¿Quién determina el umbral de la realidad, de lo correcto o legítimo de la respuesta de un entrevistado?
Precisamente esa percepción corresponde al lector o al espectador de la entrevista, no el entrevistador.
Por eso aquí defendemos el trabajo periodístico de Edmundo Cázares.
Y es que es cierto el argumento de que “no ganaba nada” con alterar una entrevista que, al final, resultó histórica.
Claro, callará muchas opiniones si localiza la grabación original de la entrevista.
Al tiempo.


