Del refranero popular: “La política y el poder son ventanas tan transparentes que siempre dejan ver las peores miserias humanas”.
Y vale el ejercicio memorioso porque en el México de la llamada “4-T”, están a la vista de todos los casos de tres mujeres mexicanas que, a pesar de que alcanzaron las alturas del poder político gracias al apellido de los padres, terminaron por pisotear la memoria y la herencia paternas.
Casos penosos –entre muchos otros–, que confirman que el poder y la política son capaces de exhibir la miseria humana de los hijos –en este caso las hijas–, que debían ser guardianes de la gloriosa herencia familiar.
Pero vamos por partes.
Seguramente muchos recuerdan los lustrosos apellidos y las trayectorias ejemplares de Rosario Ibarra de Piedra, Manuel J. Clohutier –el mítico “Maquío”–, y de Heberto Castillo Martínez.
Personalidades que –en los tres casos y cada uno en particular–, marcaron la lucha democrática de los últimos 40 años del siglo pasado.
Pero el primero, el de Rosario Ibarra de Piedra y de su hijo desaparecido –Jesús Piedra Ibarra–, quizá es hoy el caso más penoso.
Y es que la “señora Ibarra”, como se le conoció de manera coloquial a Rosario Ibarra de Piedra, en los hechos fue “la primera madre buscadora”, luego de que su hijo fuera secuestrado y desaparecido –el 18 de abril de 1975–, por el gobierno de Luis Echeverría en la llamada “guerra sucia”.
Originario de Monterrey, Nuevo León, Jesús Piedra Ibarra era un joven estudiante de medicina que meses antes se había integrado a la Liga Comunista 23 de septiembre, que gano reflectores con el secuestro de un reputado empresario regiomontano.
En respuesta, la termida Dirección Federal de Seguridad (DFS) localizó a los cabecillas del plagio, entre ellos a Jesús Piedra, quien fue desaparecido, al mejor estilo de la época.
Desde entonces, la señora Ibarra de Piedra recorrió el país entero en busca de su hijo; tocó todas las puertas de la política y el poder y Jesús Piedra nunca apareció.
Luego de encabezar la lucha de los desaparecidos en México, Rosario Ibarra de Piedra fundó el Comité Pro-Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos, que luego se convirtió en el “Comité Eureka”; plataforma social que años después fue el soporte del Partido del Trabajo, del que Rosario Ibarra fue candidata presidencial, en 1988.
La creciente lucha de la “primera madre buscadora” llevó al gobierno de Carlos Salinas a fundar, en junio de 1990, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) por sus siglas, cuyo primer presidente fue Jorge Carpizo.
Se trataba de una reputada institución mexicana, con absoluta independencia de los gobiernos federales, estatales y municipales en turno, hasta que, a principios de 2019, en presidente López Obrador metió la mano en la CNDH, para imponer a Rosario Piedra, como presidenta y con ello aniquilar a la otrora reputada CNDH.
Desde entonces y hasta hoy, Rosario Piedra y la CNDH no son más que un montón de paleros oficiales que nada hacen a favor de los cientos de miles de desaparecidos y de miles de “madres buscadoras”.
Sí, a cambio “de 30 monedas”, la hija pisoteó la herencia de la madre.
A su vez, el de Tatiana Clohutier –hoy precandidata de Morena al gobierno de Nuevo León–, es un caso muy parecido al anterior. Y es que su padre, el mítico “Maquío” Clohutier–, fue un exitoso empresario, oriundo de Sinaloa, de donde salió para dirigir los más influyentes sindicatos empresariales mexicanos.
Además de que participó como candidato presidencial del PAN en la elección de 1988, en la que también aspiraron a Los Pinos, tanto Rosario Ibarra de Piedra, como Cuauhtémoc Cárdenas, Carlos Salinas y “Maquío” Clouthier. En medio de señalamientos de “fraude electoral”, Carlos Salinas, el candidato del PRI, se alzó con la victoria.
Desde entonces y hasta su muerte –en un supuesto accidente carretero ocurrido el 9 de octubre de 1989–, Manuel Clohutier destacó por su lucha incansable a favor de la democracia y de elecciones confiables, al extremo de ser un factor central en el nacimiento del entonces Instituto Federal Electoral (IFE), que fue ejemplo para el mundo de cómo se hacen las elecciones independientes, confiables y transparentes.
Lo ridículo del tema es que una de las hijas de Clouthier, de nombra Tatiana, no sólo avaló la destrucción de la democracia que su padre ayudó a construir, sino que fue cooptada por Morena y por López Obrador, a cambio de un “hueso político”.
En efecto, a Tatiana Clohutier no le importó caminar en dirección opuesta a el legado de su padre, sino que guardó silencio cuando Obrador destruyó la CNDH, el INE, el Tribunal Electoral; cuando AMLO cooptó a los poderes Legislativo y Judicial y, sobre todo, nada dijo de las alianzas de Morena con el crimen organizado.
López Obrador uso el nombre de “Maquío” Clouthier para llegar al poder en 2018 y por eso Tatiana Clohutier se convirtió en diputada federal, secretaria de Economía y directora Instituto de Mexicanas y mexicanos en el exterior, del 1 de octubre de 2024, hasta su renuncia, en mayo de 2026. Y, por si fuera poco, hoy aspira a ser gobernadora de Nuevo León, por Morena, claro.
Y por último aparece Laura Itzel Castillo, hija del legendario maestro universitario, científico, luchador social y político que entregó sus mejores años a favor de la democracia mexicana.
Heberto Castillo fue uno de los principales impulsores del movimiento estudiantil de 1968, que se gestó precisamente contra la represión oficial, la desaparición y la persecución de opositores.
Incursionó en la política como diputado y senador, luego de luchar por los llamados “legisladores de partido” o Plurinominales. Fundó el Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT) del cual luego surgió el Partido Socialista Unificado de México (PSUM), antecedente del PRD.
En la elección de1988, Heberto Castillo declinó su candidatura presidencial a favor de Cuauhtémoc Cárdenas y puso al servicio del cardenismo el registro del PMT. Por años fue un luchador incansable a favor de la democracia, de la transparencia electoral.
Heberto Castillo fue el más severo crítico de la llegada de López Obrador a la dirigencia del PRD, al extremo de acusarlo –de manera pública–, de repetir “la traición lombardista”, ya que AMLO pactó en secreto una alianza político electoral con el entonces presidente Ernesto Zedillo.
Hoy, la hija de Heberto, de nombre Laura Itzel Castillo, es la presidenta del Senado, por el Partido Morena y es un caso más de la forma en que López Obrador cooptó a los hijos de reputados opositores, para engañar a muchos idiotas que no alcanzan a ver el trasfondo de la traición de las hijas e hijos de opositores. Traición que las obliga a caminar en sentido contrario a las gestas de sus padres.
Sí, “la política y el poder son ventanas tan transparentes que siempre dejan ver las peores miserias humanas”.
Al tiempo.


