Tiran a Dilma y con ella caen los populismos en AL

La Otra Opinión |
31-08-2016 07:02 PM
 

La caída de Dilma Rousseff en Brasil se suma a la caída de otros populistas que como ella más que mejoras, dejaron problemas y crisis en sus respectivas naciones.

Está el caso de Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, el de Evo Morales en Bolivia, el de Nicolás Maduro en Venezuela --donde mañana se celebrará una megamarcha para exigir la salida del mandatario--, el de Daniel Ortega en Nicaragua, o el del también brasileño y antecesor de Rousseff: Lula da Silva.

Todos llegaron a sus cargos aplaudiendo la democracia, la libertad y el cambios; pero lo único que hicieron fue saquear a sus naciones y buscar la permanencia en el poder.

De este modo, poco debe sorprender la destitución de  Dilma Rousseff que ocurrió de manera definitiva el día de hoy luego de que el Senado Brasileño la aprobara con 61 votos a favor, 20 en contra y ninguna abstención.

Cabe recordar que la ex presidenta necesitaba del apoyo de 54 senadores para mantenerse en el cargo. Sin embargo, el milagro no ocurrió.

De este modo, Dilma Rousseff fue juzgada por dos cuestiones separadas:

En la primera se determinó su culpa en los crímenes de corrupción que involucran su nombre, el de Lula Da Silva y el de la empresa petrolera de Brasil, Petrobras.

En la segunda, para considerar si debía o no ser inhabilitada de manera definitiva de sus funciones como presidenta del país carioca.

Esta histórica votación pone fin a los 13 años de gobierno de izquierda del Partido de los Trabajadores que inició en 2003.

Para los funcionarios que votaron a favor de la destitución de la mandataria, el caso de las maniobras fiscales de Rousseff constituyen un crimen de responsabilidad que ha puesto en crisis al país.

Esta es la prueba clara de que la política y el poder funcionan como un péndulo.

Hace una década miles de voces apostaban todo por la nación brasileña. Éstas decían que el gobierno de Lula era un modelo a seguir. Que la izquierda en aquél país había infundido un cambio para bien.

Y cuando Dilma lo sucedió en el poder, nadie dudaba de su valía. No obstante hoy esas voces se han dispersado y ninguna hay que se atreva a cuestionar la decisión del Senado Brasileño y meta las manos al fuego por los ex mandatarios.

 

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