Termina montaje de Anaya; regresa la sensatez

La Otra Opinión |
07-09-2017 01:21 PM

Se acabó la farsa presentada por el líder nacional del PAN, Ricardo Anaya, quien, como un mago, en un instante pasó de tener que explicar como él y su familia incrementaron su fortuna, a tomar como rehén a la Cámara de Diputados.

El día de hoy, la bancada del PAN, PRD y Movimiento Ciudadano permitieron la instalación de la nueva Mesa Directiva, que estará a cargo del priista Jorge Carlos Ramírez Marín.

Y al final fue el presidente Enrique Peña Nieto, y no el Frente “de cuates” en su versión legislativa, el que, con la instrucción directa de eliminar el pase automático, terminó con la crisis provocada por las ambiciones políticas de Anaya.

De Joven Maravilla a Ricardo el Gandalla. El dirigente nacional del PAN tomó como bandera política personal la oposición a que el titular de la PGR, Raúl Cervantes, se convirtiera en el primer fiscal general. Y ahora pretende engañar con el cuento de que gracias a su “lucha”, Cervantes no será fiscal.

Solo que con sus jueguitos, Anaya sumió a la Cámara de Diputados en la peor crisis que había vivido desde 1997, debido a que se violó el plazo legal para elegir a la Mesa Directiva.

La aprobación del  #FiscalCarnal se dio desde el 2013 y 2014 y fue firmada y avalada por el líder nacional del PAN. Pero debido a los señalamientos que le hizo El Universal sobre su inexplicable enriquecimiento,  Anaya armó todo un montaje para salir del atolladero.

Decir, como hace ahora, que gracias a su “lucha” se eliminó el pase automático es una mentira, pues, como se ha documentado en este espacio, el presidente Peña Nieto envió, desde hace 10 meses, una iniciativa al Senado precisamente para eliminar el pase automático.

Ahora que terminó la farsa, Ricardo Anaya tendrá que enfrentarse a la realidad; tendrá que explicar de manera satisfactoria el origen de su riqueza, tendrá que enfrentar los cuestionamientos por su comportamiento golpista y autoritario al estilo AMLO y tendrá que dar la cara ante los liderazgos de su partido, que le exigen que de una vez por todas se defina.

Con el tiempo, quizá Anaya se dé cuenta de que al montar toda esta farsa, a Ricardo Anaya le saldrá más caro el caldo que las albóndigas.

 

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