#SiMeMatan ¿Fue un simple error de comunicación?

La Otra Opinión |
05-05-2017 03:40 PM

En cuestión de un día, la indignación por el asesinato de la joven Lesby Berlín Osorio pasó de concentrarse en el crimen en sí mismo, a la cuestionable actuación de las autoridades.

Este jueves, el tema ya no sólo fueron las brutales condiciones en que se cometió el asesinato y se encontró el cuerpo ---hallado con señales de ahorcamiento y atado a un teléfono público en Ciudad Universitaria--. Y es que la joven pasó de ser víctima de feminicidio a --además de todo-- ser víctima de un tratamiento tendencioso en su caso por parte de la Procuraduría General de Justicia capitalina.

Por la tarde, la PGJ publicó --vía Twitter-- información sobre la víctima que fue aportada por su madre y por su pareja, pero que poco o nada aporta a la investigación y que bajo ningún criterio tenía sentido hacer pública.

Así, por ejemplo, la PGJ informó que la joven vivía con su novio, que el día de su asesinato estuvo con su pareja y amigos “drogándose y alcoholizándose”, y que “no estudiaba desde 2014”, cuando dejó sus clases en el CCH Sur “donde debía materias”.

Ante la indignación de los usuarios de redes sociales, el Procurador capitalino, Rodolfo Ríos, publicó --también en Twitter-- que “la conducta privada o condición social de la víctima no afectará la investigación” Además, dijo que los tweets emitidos por el área de Comunicación Social de la dependencia fueron “inapropiados” y “contrarios a los protocolos y principios” de la PGJ, por lo que dio instrucciones de “rectificar este grave error”. Minutos después, la cuenta de la PGJ bajó los polémicos tweets.

A su vez, la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México abrió una investigación en contra de la PGJ por sus publicaciones.

Claro está que para ese momento ya se había hecho trending topic el hashtag #SiMeMatan, a través del cual usuarios de redes expresaron su molestia por el trato que se le dio a la información personal de Lesby Berlín.

Pero, ¿Basta con retirar los tweets y decir que todo se trató de un error de comunicación?

Lo cierto es que la información difundida por la PGJ da cuenta de algo más que un error de comunicación. Muestra que las características personales de la víctima le parecieron relevantes a las autoridades. Se trata de una suerte de falacia ad-hominem (o en este caso ad-feminam) relaciona erróneamente el crimen con la conducta de la víctima cuando en realidad ningún asesinato o feminicidio es justificable.

Y lo más grave del asunto, es que pone al descubierto lo que podría ser una tendencia en la investigación de feminicidios por parte de las autoridades capitalinas.

Entre 2011 y 2016 se abrieron en la Ciudad de México un total de 291 averiguaciones previas por feminicidio. ¿Habrá sido similar el enfoque de la investigación en todos esos casos?

 

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